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"MIS RECUERDOS"

historia de bronchales contada por román molada

Texto terminado por el autor el 23 de abril de 1990 en Villarreal de los Infantes (Castellón).

        

Esta breve historia de Bronchales abarca desde que el autor tuvo uso de razón hasta que se ausentó del pueblo en 1960. Se incluyen también algunos recuerdos de años anteriores a este período contados por la madre del autor y que él narra desde el recuerdo.  


1921: EL AÑO DE LA LUZ ELÉCTRICA

El año 1921 yo tenía cuatro años. Ese año pusieron la luz eléctrica. Recuerdo que pusieron un cordón desde la casa del tío Juanillo, hoy de Pilar Soriano, hasta el corredor de las escuelas, hoy de mis sobrinos Pedro y Felisa Molada Alonso, todo lleno de bombillas. Esa noche todo el pueblo estaba en la plaza, pues era esto una cosa de mucha importancia para el pueblo. Aquí se acabaron las almenaras y las tedas; esto lo recuerdo más porque ese día murió mi abuela Lorenza "la Lorencica". La fuerza de la luz venía de Torres y el electricista era Julián Pérez Asensio " el Tijerero"; cobraban a los vecinos dos pesetas al mes.

EL PRIMER COCHE

También recuerdo cuándo vino el primer coche. Esto sería en el año 1922 ó 1923. Era de los ingenieros. Se les atascó en la Isilla, junto a la cerrada de "los Cabilas". Recuerdo que toda la gente se asomó al pairón para verlo. Los chiquillos pequeños nos subimos a las piedras del pairón porque los mayores nos decían que el coche subiría a pillarnos. Lo sacaron del atasco con el macho noble del tío "Capalana" y el pardo de la tía Tremedal "la Luchana". La carretera se empezaría a hacer el año 23 ó 24 y los contratistas eran D. Julián, "el tío Gordo", y su yerno, D. Joaquín, que vivieron en esta casa de la plaza, que era del tío Juanillo.

A los pocos días vino otro coche y paró en plaza. Todos los chiquillos nos salimos de la escuela para verlo. Recuerdo que salió la tía de Víctor Alonso a verlo y les preguntó que dónde llevaba los caballos. Ellos le dijeron que dentro en el motor.

Recuerdo que les pagaban a dos pesetas el jornal, horas de luz a luz, pues me acuerdo que se iban de noche. Luego creo que les subieron a cuatro pesetas. En esos años se hicieron las carreteras de todos los pueblos o, al menos, se llegaron a marcar. Mandaba Primo de Rivera, que creo que hizo mucho bien a España, aunque fue muy criticado por algunos. En esos años había mucha pobreza en toda España y no sé ni cómo vivían algunas familias, pues no tenían nada, ni tierras, ni jornales -que no había-; por eso, en esos años, al hacer las carreteras, la gente se defendía un poco.

Alrededor de los años 1915 al 20 se roturó la Dehesa, desde las Navas hasta el Gollizno. Dieron cuatro parcelas a cada vecino, que fue un gran alivio para la gente pobre. Los ganaderos no querían que se roturara. Los vecinos que más lucharon porque se roturara fueron el tío Paco "el Pepeherraz" y el tío Salvador Torrecilla "el Quiqui". Después, todo el pueblo se alegró mucho de haberlos roturado. En ellas se cogieron muchas patatas y cebada para criar un cerdo.

Antes daba mucho gozo ir a la Dehesa, pues siempre había gente trabajando. Hoy, da pena no ver a nadie.

En esos años se iban varios vecinos a los carbones. No ganarían mucho, pero se mantenían todo el invierno. Otros se bajaban a las minas de Ojos Negros

. A veces, echaban temporadas y algunos se bajaron allí a vivir fijos, como el tío Valentín Juan, el tío Antón Monzón "el Sopas", Agustín Gómez "el Pelao", el tío Tomás Martínez " el Frutos", Manuel Lahuerta Chabarrías, que murió al ser atropellado por una vagoneta. Pero con lo que más se defendía la gente era con la Andalucía. Aquí se ve que hacía muchos años que iban a moler aceituna, no sólo de Bronchales sino también de la provincia de Guadalajara y de Cuenca. No sé por qué era esto, habiendo tanta hambre allí en las Andalucías. Se ve que los amos tenían más confianza en los serranos, como ellos decían, que en los mismos andaluces; y esto se ve que venía de muchos años antes, porque en el año 1940 me escribió el amo de mi padre y me decía que había conocido hasta a mi tatarabuelo, así que ya se puede ver los años que esto se venía haciendo.

Muchos de ellos iban de maestros a los molinos y ellos eran los que buscaban el personal que hacía falta. Esto iba según la cosecha. Llevaban mulos, estos creo que les pagaban a dos pesetas al día y la manutención, que cuando venían estaban muy gordos. A veces, se juntaban ocho o diez para el viaje, que les costaba unos diez días el ir, y, al venir, íbamos a esperarlos por la Calzada, hasta las piedras de afilar. Y cuando asomaban, ¡qué gozo que daba! Al otro día, era día de fiesta en la casa, se convidaba a los amigos y vecinos a tomar unas galletas y unas copas de cazalla. Unos traían muchas aceitunas y aceite para todo el año. Mi familia iba a Villacarrillo, Jaén. Según decían, fueron los mejores amos de todos los que iban del pueblo. Todos querían ir con mis hermanos, pues mi padre había muerto el año 1920, y ellos siguieron yendo. Me decía mi madre que, cuando estaba muriendo mi padre, le llegó a mandar el amo giros de 250 pesetas, que en esos años era mucho. El aceite que traían siempre se les daba regalado.

Esto de la Andalucía se acabó el año 1931 al venir la República. El Ministro de Trabajo ese año, Marcelino Domingo, prohibió el que fueran los serranos a trabajar allí. Cuando se juntaban en las cenas de los matacerdos, ¡qué gozo me daba a mi sentir a los hombres contar todas las peripecias que pasaban los por caminos!. Me contaban que había un hombre, que le decían "el tío Barrabás" -lo que no sé es de qué familia venía-, que se ve que se emborrachaba mucho, pero que era muy fuerte y hacía muchas bravatas; y un año, en esas posadas o ventas que cruzaban por esos caminos, probablemente discutió con alguno y lo mataron. Me decían que en el camino había que cruzar un río y este hombre lo saltaba de un salto, y le pusieron al lugar "el Salto del Tío Barrabás".

LA REPÚBLICA

Así que con (el trabajo en) las minas, los carbones y las Andalucías seguía habiendo mucha pobreza, pero se vivía. Al venir la República el año 31, la Andalucía se acabó, y también las minas. Se tuvieron que subir todos de Sagunto, donde también había unas cuantas familias. Casi todos se tuvieron que venir al pueblo, y algunos (de dedicaron a ganarse la vida) con un burro a bajar timones, o palas, o gamellas para venderlas en los pueblos de abajo. Una vida muy perra. Esto tenían que hacerlo por la noche.

El año 1932, al estar todo tan mal, como había marcada una carretera, que es la que sube por la Vicidilla a la Calzada, se hizo una huelga. Era alcalde al entrar la República el tío Blas Dobón "el Copalta", pero estaba éste en Andalucía, y estaba de alcalde Juan Dobón " el Cli". Al hacer la huelga, hicieron venir al Gobernador de Teruel, pero no había dinero, y lo dejó -creo que fueron 200.000 pesetas- Don Joaquín Ballester. La contrata se la quedó Atanasio Pérez Domínguez "el Sidrín", y el capataz creo que era de Albarracín, el tío Mata, que es el que hizo las escuelas, pero creo de que las carreteras no sabía nada, porque se vio en la trinchera que hizo al subir a la Vicidilla. Esta carretera fracasó al acabarse el dinero. Duró dos o tres meses y, luego, después que la Jefatura de Montes la marcó por las Fuentecillas, la otra quedó muerta. Así que no sé yo lo que pasó con el dinero que dejó Don Joaquín, pero el día de la huelga iba todo el pueblo muy unido y ese día vino de Noguera un hombre, que le decían "el Zofrero". A éste después lo mataron los rojos, pero ese día de la huelga empezó a quitarles la razón a los del pueblo. Entonces lo cogieron las mujeres, una de ellas la tía Monegrina, y lo echaron fuera del pueblo y en los Carnavales le sacaron esta canción:

Al que no le importe nada,

que no se meta en las huelgas,

y si no que le pregunten

al Zofrero de Noguera.

 

Esta comparsa la dirigía el tío Tomas Martínez " el Frutos".

EL GANADO

En Bronchales, el que mejor vivía era quien tenía animales. Habría en el pueblo unas 1.300 cabras de todos los vecinos. Unos tenían cuatro, otros seis, diez y hasta veinte tenían algunos, todas en un hatajo. Ovejas habría sobre las 12.000. No había ganaderos muy fuertes, como en otros pueblos. Con más de 300 no había nadie. Vacas habría unas 150, y un toro que era de todo el pueblo. Este tenía su pajar. Donde hoy está la casa de los Barreras había un prado y la hierba que se sacaba era para el toro, y creo que, además, se daba un algarijo de paja por cada vaca. Luego, se compraban dos o tres talegas de yeros y se molían. La harina la guardaba uno de la Junta que había y el vaquero tenía que ir todos los días a por la ración que le daban a diario.

Hacia el año 1928 nos hicieron quitar las cabras. Nos dejaron solamente tres o cuatro a cada vecino. Esto fue muy malo para el pueblo porque las cabras eran lo que más daba de sí de todos los animales. Luego estaba la dula con todos los mulos, que eran muchos; creo que más de 300.

LOS HORNOS

Hornos había dos, que eran del pueblo: "El de arriba" y "El de abajo". Al verano tenía otro muy pequeño la tía Tremedal "la Luchana", para venderles a los pocos veraneantes que entonces venían. El tío Martín "el Moro", hizo -creo que el año 1930- el que hoy tiene Clemente, y el tío Salvador Torrecilla "el Quiqui", también tuvo otro algunos años. Los del pueblo se los quedaban los vecinos: "El de abajo" entraba en el mismo lote que la dula y de los dos vecinos que entraban, uno iba dulero y el otro traía la leña, y lo que sacaban lo repartían a medias. "El de arriba" entraba en el mismo lote que las vacas y, lo mismo que el otro, lo llevaban dos vecinos a medias. Las mujeres (que utilizaban este servicio) les pagaban en masa, creo que un pan de cada treinta. Algunas les daban algo más, pero había algunas tan roñosas, de las que siempre ha habido, que les daban de menos.

Había mujeres que buscaban al hornero para que les llevara la masa al horno y ésta siempre le daba una tajadilla y un chavo para la copa de cazalla, que era una costumbre de entonces: la copica a las mañanas.

La masa que les daban a los horneros la juntaban y hacían un pan grande de casi dos kilos. A este pan le decían la poya, que tan nombrada ha sido siempre la famosa poya.

LOS CABREROS Y PASTORES

Para las cabras siempre iban dos cabreros. A la primera cabrada le tenían que hacer chotada con las crías nuevas que se dejaban y alguna cabra coja, que siempre había alguna. Esta cabrada la tenían que hacer hasta San Pedro, que entonces ya se quedaban en el monte, hasta San Miguel, que ese día era cuando cumplía el año de todos: vaqueros, duleros, pastores, guardias de la siembra. Todo era de San Miguel a San Miguel.

Al quedarse las cabras (en el monte), se hacía otra cabrada aparte para las cabras de la leche. Esta cabrada no entraba con la primera sino que era aparte. Los cabreros cobraban por semanas. Los cabreros, al quedarse en el monte, apartaban unos días todas las cabras que llevaban leche y cada tres días hacían quesos. Solían hacer tres legales, aunque luego solían hacer algunos de estranjis. Ese día convidaban a los familiares para que les ayudaran y hacían mucho queso, cuajada, requesón y suero a manta. Con ellos se sacaban estos días alguna perra.

Los cabreros venían cobrando al año, según conocí yo, unas dos pesetas. Luego l es pagaban a tres pesetas. Un pastor cobraba 1'75 pesetas al año y la comida. Los que llevábamos piaras, cobraban a dos pesetas, a 2'50 y a tres pesetas al año, y en ciemo, que era una de las cosas que más se buscaba.

En el invierno, los dueños de las ovejas nos convidaba a los matacerdos a los que llevábamos piaras. En esos matacerdos a mí me hacía gracia oír las conversaciones que tenían los hombres viejos. Allí se hablaba de todo: de brujas, de apariciones, de los viajes a Andalucía, de los apuros que pasaban por los caminos... Todo aquello se me quedó grabado en la cabeza y hoy me parece que lo estoy viendo.

Antes se iban a invernar más de la mitad de los pastores a la provincia de Murcia y Alicante. Venía costando sobre unas doce pesetas cada oveja por temporada. Había muy buen ganado en Bronchales. Como consecuencia de ir a Murcia, trajeron unos sementales segureños, que pintaron muy bien, y en los años 30 al 36 una oveja venía valiendo de 35 a 45 pesetas. Los corderos, si era buen año, se vendían allí en Murcia.

Recuerdo que el año 1932 fue, quizás, el año mejor que se conoció. Vendieron los corderos a 33 y 35 pesetas, pero al tío Francisco Hervás "el Paquillo", los vendió a 38 pesetas, aunque eran unos corderos que pesarían unos 40 kilos. Los viajes nos costaban sobre veinte días desde Bronchales a Murcia. Las vacas venían valiendo entre 500 y 600 pesetas. Un novillo bueno en la Feria de Orihuela valía 250 pesetas; un macho bueno llegaba hasta 1.500 pesetas; los muletos, sobre las 200 ó 300 pesetas.

LOS GANADEROS

Yo no he conocido a grandes propietarios. En el otro siglo sé que hubo dos casas muy fuertes. A uno le llamaban José Herránz, y decían que tenía 14 rebaños de ovejas. Vivía en la casa que hoy es de Vicenta Monzón y de la María Josefa Pérez y sus hijos. En la manzana que hay desde casa de la tía Paula a casa de Vicente Martínez (hoy Travesía del Chorrillo), que era toda una casa, la utilizaban para el esquilo de todo el ganado. Yo aún conocí la empega que este hombre llevaba en sus ovejas. Ésta la tenía el tío Isaac Alonso González. Este Herránz era tío o tío-abuelo del tío Francisco Herránz "el Pepeherraz".

Había otra casa rica. Era la de "los Chocolateros". La casa de estos era la que hoy tiene en la plaza D. Rafael Bea Delot y su sobrina Felicidad Marqués Bea. El corral de la plaza yo lo conocí como posada. Conocí allí al tío Pascual Jarque "el Cachorro". Éste tenía a rento la tierra junto con la posada, que entonces ésta daba mucho de sí, porque como nada más había carros de madera (para el transporte y las faenas del campo) yo he visto más de veinte carros en la Plaza, más los que iban a la posada de la tía Cirila. Yo he visto las lomas de la Masada del Rayo llenas de vigas, y hasta una báscula para pesar los carros. Los Chocolateros tenían toda la tierra que ha tenido D. Rafael Bea. Mi madre me contaba que cuando hicieron la paidera nueva, ella era chavala, y estuvo llevando el agua a los albañiles desde La Laguna. Esto debió ser el año 1890. Esta tierra la compraría D. Rafael a principio de este siglo o al final de otro.

También era casa algo rica la del tío Ramón Sanz, a quien tampoco conocí yo. Éste tenía mucha tierra y mucho ganado: tenía la paidera para el invierno en La Mogorrita, hoy hundida completamente.

Al tío Pascual Pérez "el Moro", sí que lo conocí yo. También tenía mucha tierra y buena, y mucho ganado. Pasaba el invierno también en La Mogorrita. Aún están allí algunas paideras. Decían que este hombre se había hecho rico en Andalucía. Me contaban que iba de maestro a un molino y que una noche unos ladronee fueron allí a repartirse lo robado por ellos. Entonces la moneda que corría era la onza de oro. Al repartirlas, les dijo: "¿No le echáis una almostrada al maestro?", y le echaron el resto. Así lo han contado los viejos del pueblo.

LA TIERRA

Antes, la Loma de Jimeno y la Loma del Río eran todo chaparrales. Se rozaron al final del siglo pasado o primeros de éste. Algunos vecinos se aprovecharon bien, como "el tío Cañaquino", "los Carlinches", "el tío Capalán", el tío Joaquín Navarro y mi padre, Pedro Molada, el tío Paco "el Pepeherraz", el tío Lucio "el Cantinero", y otros. En esos primeros años se ve que les quitaron muy buenas cosechas. Hubo quien se le reía al tío Lucio cuando empezó a rozar en la Loma Jimeno; éste fue el tío León Monzón "el Chato". Decía: "Poco pan va a comer el que roza esta loma". Esto me lo contó a mí el tío Lucio mismo el año 1930. Y es que los ganaderos no querían que se roturaran estas lomas, lo mismo que, después, las parcelas.

Pero con esta tierra de Bronchales nadie se ha hecho rico. La cosecha más grande que yo he conocido fue la del año 1957. Creo que hay varios que se acuerdan. Ese año vino una máquina de Cella, una trilladora, pues de lo contrario hubiera sido imposible poder acabar de trillar antes del invierno. Ese año cogí -muchos lo saben- el que más de los vecinos del pueblo, sin contar los masaderos. El día me que tocó la máquina, yo metí en casa más de doscientas fanegas de trigo, que entonces creo que era mucho para un triste labrador. El montón de paja que yo dejé en la calle duró más de dos años. Recuerdo al tío Remundo Domingo -éste fue de los de la guerra de Cuba- que me dijo: "Yo, en los años que tengo, no he visto nunca un montón de paja como éste". Aún me quedó ase año otra cina de centeno para trillarla a mano, pero el dos de octubre le cayó medio metro de nieve encima. Aun así, pudimos acabar de trillar antes del invierno.

OTROS CULTIVOS

Antes se sembraban pocas patatas pero, después de la guerra, se sembraron muchas. Estaban intervenidas, pero les pusieron un precio que nos defendíamos bien. Dos o tres años las pagaron a 0'75 el kilo. Yo he visto pagarlas a dos pesetas la arroba, que eran trece kilos. Esto fue el año 1929.

La tierra antes se sembraba en dos añadas: la Redonda y la de la Cañada. La redonda era desde lo alto de la Vicidilla y de las Peñas Albas hasta el río de la Paidera Gómez y los Ramblares. Esta tierra se vedaba en octubre hasta después de la siega. Tocaba sembrar la Redonda los años nones. La de la Cañada de extendía desde el río de las Cerradas, la Paidera Gómez, siguiendo por el Paso hacia la Carrasca, por las Cañadillas a la Solana de la Cañada, hasta el Prandonero, dejando libre el Castillejo y las Atalayas, hasta el paso de las Atalayas a las Navas. A la Dehesa no dejaban entrar sino únicamente dos meses, cuando el tiempo de la rastrojera. Los prados de la Dehesa estaban vedados desde el ocho de marzo hasta el ocho de diciembre. Luego se vedaba la Huerta para las vacas y la dula.

En Valiampla se vendían dos cuartos: el del Pozo de la Casa y el del Pozo Albarra. Como no había dinero y el monte no valía nada, el Ayuntamiento tenía que agarrarse a todo para sacar alguna perra. Después de la guerra, el monte ya empezó a valer bastante, como ya se ha visto y se ve hoy.

Antes había dos guardas para la siembra. Uno estaba todo el año y, en abril, se metía otro hasta San Miguel. Estos cobraban en trigo, a razón de lo que sembraba cada vecino. Iban por las eras a recoger el trigo.

LOS ALCALDES

Ahora contaré algo de todos los alcaldes que me acuerdo.

Recuerdo muy poco al tío Teófilo Marqués Ambros. Hacia el año 23 hasta el 25 recuerdo al tío Francisco Herránz "el Pepeherraz"; luego, al tío Lorenzo Pérez "el Sidrín". El año 30 era tío Faustino García "el Faustinete". El año 31, al entrar la república, entró el tío Blas Dobón Berjes. Luego, en las primeras elecciones que hubo para el año 1933, entró el tío Agustín Marqués Pérez. En las elecciones del 36 entró Atanasio Pérez Domínguez, hasta la guerra, y, al estallar el movimiento, entró otra vez Agustín Marqués. Luego, al tener que huir del pueblo, se hizo cargo José Asensio. Luego, al volver, cuando tomaron el pueblo, siguió José Asensio. No sé si éste estuvo toda la guerra.

Al acabar la guerra, fue el tío Pedro González Martínez "el Francheto". Luego, Valentín Dobón Pérez, Manuel Pérez Monzón, Primitivo Gil Sáez, Juan Manuel Pérez Pérez. Del 50 al 60 fue Lucas Navarro Artigot, que fue el año en que yo me fui del pueblo.

LAS CANTINAS Y SALONES DE BAILE

Ahora hablaré de las cantinas que había cuando yo era joven.

En el Ayuntamiento se alquilaba la planta baja. Al entrar, a la derecha, estaba la cantina y a la izquierda, la cocina, y en frente, las cárceles y la cuadra. Esto lo tenía a rento el tío Baldomero Fuertes Hervás. Arriba, donde hoy están las oficinas, había un salón muy grande donde se hacían los bailes de las bodas y se utilizaban también cuando venían comedias.

Los viejos nos contaban que antiguamente se hacían los bailes de las bodas en la Peña del Baile. Dicen que no se bailaba más que la jota.

Otra cantina era la casa habitada hoy por Patricio Sáez Dodón. Era del Ayuntamiento pero la tenía arrendada el tío Paco "el Pepeherraz". Un día me contó su hijo Víctor que, como antes era costumbre todas las mañanas ir a echarse una copa y los cantineros hacían el aguardiente con alcohol, el tío Dionisio Barquero "el Abanero" se bebía todas las mañanas un cuarto de litro, según decían, de un trago; éste, todas las mañanas le decía al cantinero que no le echaba más que agua, y Víctor, que era un chaval de unos 15 años, pilló un día y le echó todo alcohol y, como se lo bebía de un trago, ¡ay la que lió! Dice que se revolcaba y le decía: " Me has matado". Pero ya no le dijo nunca más que todo era agua.

También estaba el casino, que era una sociedad, en la casa del tío Mariano Pérez, hoy de su hijo Manuel Pérez Monzón. Estaba en la planta baja. Arriba tenían otra sala grande y allí hacían el baile.

Luego hicieron en la paidera de "los Chatos", lo que hoy es la casa de Valero González Hervás, un salón grande entre el tío Mariano y su cuñado Salvador Monzón Sáez "el Chato". Aquí se hacían las comedias cuando venían durante los años del 28 al 32, fecha en que ya hizo el tío Juan Manuel lo que hoy es el Bar Español.

En los años 26 se disgustaron algunos mozos con el tío Mariano, entre ellos estaba mi cuñado, Teodoro Hervás Pérez, Eugenio Pérez Juan " el Fraile", Benjamín Fuertes Hervás y Alejos Juan "Alejitos", y fueron a hablar con el tío Ramón Torrecilla y lo comprometieron para que hiciera un salón para hacer baile. Y así fue, que empezó con muy poco pero le fue muy bien y, al final, tenía abajo el baile y arriba el café. Esto, hasta la guerra.

El tío Juan Manuel se vino de Barcelona allá por el año 31 e hizo primero en su casa, que hoy es de la viuda de Fructuoso Martínez, muerto por los rojos, un salón abajo y otro arriba, pero eran pequeños y en el año 31 hizo los que hoy tienen.

El tío Mariano dejó el casino el año 31 y lo tomó mi cuñado Teodoro Hervás. En la Plaza, que aún hoy está, el invierno de 1932, se hizo el baile en una de las salas que tenía arriba con algo de cantina. El invierno del año 31 se hizo el baile en la entrada del tío Víctor Ramos Alcón "el Camorra". Luego, cuando el tío Juan Manuel acabó las obras, se hicieron allí todos los bailes hasta la guerra. Después de la guerra se hicieron en la casa del tío Baldomero Fuertes y en casa de Pedro Lorenzo "el Perola". Y el año 41 se volvió a hacer en casa del tío Juan Manuel.

Antes se hacían rondallas por las calles al acabarse el baile. Había muy buenos cantadores de jotas y muy buenos tocadores de guitarra, como Gregorio "el Taneo", que llegó a ganarse un premio en Teruel. Murió en marzo de 1929.

Todo esto se acabó después de la guerra, ¡y ha sido una lástima!. Antes nos decían los viejos que no se bailaba más que la jota.

OTRO LABRADOR PUDIENTE

Contaré de otro labrador, que se me había olvidado, y que era D. Julio de la Peña. Éste tenía mucha tierra. Me contaron que la mitad de la Cañada era suya y la cambiaba, fanega por fanega, en Valiampla y le devolvían cinco pesetas. Así junto, lo que hoy es la masada del Rayo esta luego pasó a Martín Artigot, que también tuvo la masada de el Endrinal, la Garita y la del Torrejón. Así que D. Julio empezó a vender, pues todo se lo jugaba a las cartas en Teruel. También vendió el Tremedal y la era Cativa; todo lo mejor que tenía. Esto se lo quedaron el tío Eugenio Soriano "el Cojo" y el tío Víctor Ramos "el Camorra", y seguido vendió el Ojuelo con las paideras a mi padrastro, Marcelino "el Capalana", a mi padre y a mi hermano Pedro José. Hicieron tres partes. Todo esto lo dio por tres mil pesetas. Fue el año 1924. También era suyo el Cerrado, donde hoy está la Casa de las Jefas, frente a la Fuente, la cerrada de la Martina, que está encima de la Peña el Tormo, hoy hecha una pinochada. Todo era suyo y todo voló con las cartas.

Al empezar la guerra, la masada del Endrinal era del tío Chamela de Monterde; y en Colinas había otra finca, que era de los Narros, también de Monterde; y la de El Rayo, de Martín Artigot, que era de Monterde y su mujer, de Cella. Este hombre tenía mucho ganado. Recuerdo que el año 1929 tenía 22 pastores.

LOS COMERCIOS

Los comercios que yo conocí son los de el tío Teófilo Marqués Ambros, buen comercio; otro del tío Pedro Martínez "el Frutos", que también tenía muchas cosas. También tenía un pequeño comercio Higinio Sáez Soriano. Al casarse Fructuoso o "Frutillos", puso otro, bien también. Para los años 34 puso también comercio Octavio Lapuente Dobón, hasta la guerra. En la guerra lo puso Fulgencio Gil Pérez "el Sastre".

No había carnicerías fijas; solamente, al verano.

Se vendía la hierba de todo el Tremedal, el Anillo, de la era Cativa, de la Fuente y de los Quiñones. Todo esto se lo quedaba el que se quedaba la carne. Los ganaderos dábamos las ovejas viejas -dos, cuatro o más- y nos daban una tarja de madera y, cuando comprábamos, te iban marcando unas señales en el palo, y se ajustaban las cuentas en San Miguel.

Ellos compraban más ovejas para gasto de todo el pueblo. Vendían la carne a dos pesetas, luego a 2'50 y hasta 3 al empezar la guerra. Solía quedársela casi siempre el tío Toribio Aspas "el Morrales", que fue alguacil hasta la guerra. También se la quedaba el tío Tomás Martínez "el Frutos", Pepe "el Pantalias" y el tío Mariano Pérez. Luego, en el año 1931, se subió de Monterde. También Juan José Hernández "el Che", que estaba casado con Francisca "la Cabrera". Éste estuvo hasta el año 1935 en que se bajo a las minas de Ojos Negros; el tío Marcelino Dobón "el Perito", también le pegaba algo a esto.

En los inviernos solían matar algún carnero y el tío Tomás "el Frutos", a veces, mataba algún cabrito. Pero la gente no podía comprar nada, no había dinero. Las mujeres se valían algo con los huevos que vendían.

A veces venían a la posada a vender cacharros, todo a cambio de trapos y de alpargatas, que llevaban la suela de cáñamo y valían 10 céntimos. ¡Qué miseria había, comparado con lo que hay hoy, y aún hay quien se queja!

Los corderos no se solían matar; se capaban al año y a los dos eran primales y a los tres eran ya carneros. Solían valer 40 ó 50 pesetas. Yo vi vender los míos a 55 pesetas el año 1927, pero eran muy buenos. Se los llevó Martín Artigot, pero los compró el tío Rafael Soriano, que hacía, a veces, de encargado de Artigot. Los carneros pesarían más de 50 kilos.

Antes no había matadero, sino que cada uno mataba en su casa. Hacia los años 30 ya se empezó a matar en la entrada del Ayuntamiento. Hacia el año 32 se hizo el matadero que hay hoy en el huerto del tío Manuel "el Soreja".

Recuerdo que, un año, cuando mataban en el Ayuntamiento, allá por el año 32, mataban novillas bravas del tío Ignacio Jiménez, de Orihuela, que tenía ganadería brava. Al verano mataban para el hotel Ballester. Un día, Juan José "el Che" y Daniel "el Frutos" mataron una, que estaba colgada junto a un banco grande de la entrada y estaban allí sentados los viejos, como el tío Pedro Jiménez "el Mayoral", el tío Tomás "el Frutos", y va Daniel y suelta otra novilla que había allí cerrada, sin decir nada. Yo me subí al banco pero los viejos se vieron negros para poder meterse en la cocina. Esta novilla mordía de rabia a la que estaba muerta. Todos los días, cuando mataban las novillas, acudía el personal a ver lo que hacían. Esto divertía mucho a los chavales.

LOS VERANEANTES, EL PRIMER HOTEL Y LOS TRANSPORTES

Me acuerdo cuando venían los veraneantes en carro desde Santa Eulalia a Bronchales. La primera casa que se hizo en Bronchales por los veraneantes fue la de D. Jacobo Muñoz, hacia el año 25 ó 26. En esos años, siendo alcalde el tío Lorenzo "el Sidrín", se empezó a hacer el hotel Ballester. Esta familia venía a veranear a casa del tío Tomás "el Albardero", y de ahí vino que al hacer el hotel se quedara de encargado Atanasio Pérez, yerno del tío Tomás. El Ayuntamiento quería cobrarle por los solares 50.000 pesetas, pero hubo una junta de los (concejales) de Ayuntamiento y algunos vecinos más, entre ellos Eustaquio Gil Sáez, que, joven y con más vista que los viejos, les dijo que no le cobraran nada porque eso era mucho beneficio para el pueblo, y así se hizo. Creo que éste llevaba mucha razón, como se ha visto después.

Atanasio estuvo encargado del hotel hasta que empezó la guerra. Lo que creo que fue, y sigue estando mal visto, es el acuerdo que tomaron de no poder edificar frente al hotel hasta la carretera. Pero ¿quién iba a pensar que Bronchales llegaría a lo que hoy ha llegado? Y sigue adelante.

Yo, aunque me he ido del pueblo, me alegro de que mi pueblo suba.

El hotel se inauguró el año 1928. Vino el Gobernador de Teruel. La carretera estuvo unos años sin acabar, por allá por la Jara, y los coches tenían que subir por las masadas de los Abaristos (por Evaristos) a la del Rayo y por las Celadas salían a la carretera de Colinas.

El primer coche correo era de Santa Eulalia. Luego puso otro muy viejo Marcial Pérez Lapuente "el Moro". Después empezó a venir el exprés de Benito, como le decían, y, al final, se quedó Benito con todo. A continuación se hizo la carretera de Orihuela y, después, la Diputación hizo la de Noguera. Al verano, venía un coche(de línea) desde Teruel por Noguera. Éste era de Zuriaga. El chofer se llamaba Isaac y el cobrador, Aurelio.

El primer coche que se compró en Bronchales lo compró Agustín Marqués y, junto a éste, D. Manuel Palmeiro. Todos iban a verlos cuando los sacaban.

D. Manuel fue el mejor médico que hubo en toda la Sierra de Albarracín. Debió venir al pueblo por los años 14 ó 15, y trajo a su hijo Osvaldo, la persona más lista que se ha conocido en Bronchales. Decía D. Rafael Bea, el maestro, que el día que empezó Osvaldo en la escuela ya sabía más que ninguno.

La primera bicicleta que se compró nueva la trajo Mariano Moreno, hijo del secretario D. Mariano Moreno, que era de Alustante. La estrenó un domingo. Había ese día mucha gente en la carretera. Montó donde hoy está el transformador de la luz. No sé si sabía o no pero, al llegar a la revuelta, para tomar la carretera, fue a parar al rincón de la cerrada, hoy de Basilio Jordán, donde había un manantial y una balsa, y se chopó bien chopado. Y la gente no paraba de reírse.

El primer camión lo compraron entre el tío Baldomero Fuertes y Nicolás Asensio. Hacia el año 1935 compró otro el tío Salvador Torrecilla "el Quiqui".

LOS MÉDICOS Y VETERINARIOS

El médico que yo he conocido siempre fue D. Manuel Palmeiro Morgade, gallego, casado con Marcelina Abril, de Alustante.

Entre los veterinarios recuerdo uno, que no sé cómo se llamaba, que siempre que visitaba a algún mulo lo primero que recetaba era un cuarto de cazalla para echarle en la herida, pero antes se echaba él un buen trago.

Esto ocurría por los años 22 y 23. Después vino D. Clemente Pamplona, que ya había estado otras veces en Bronchales, hasta casi la guerra.

Aún recuerdo a otro, que estuvo muy poco. Después de la guerra vino D. Ernesto Nadal Fabra. Demostró que sabía mucho. En esos años apareció una enfermedad en tres casas vecinas. Comenzó en la casa de Gregorio Dobón "el Soreja" con una mula y una burra, que murió. Dijeron que este mal venía de las cagadas de algún gato que tenía una enfermedad, y como los gatos se cagaban en los graneros de los piensos, se extendió a los mulos de los vecinos por el mismo gato. Había que levantar estos mulos todos los días durante más de dos meses que duró la enfermedad, y murieron dos mulos y una burra de Gregorio, y una yegua muy buena de Basilio Hervás. A Francisco Lorenzo "el Negro" se le pusieron muy mal pero no se le murió ninguno. Vino de Teruel el inspector veterinario y comprobaron lo que D. Ernesto había dicho. Ya no me acuerdo del nombre de la enfermedad, pero todo vino de la cagada del gato.

Entre los practicantes y barberos, conocí al tío Miguel Pascual, de Noguera. Hacía de practicante y tenía la barbería en la plaza, en la casa de D. Rafael Bea. Hacían iguala para el corte de pelo y el afeitar. Lo pagaban en trigo. No sé cuánto darían. Se afeitaban una vez a la semana.

Recuerdo que para bañarlos les ponían una palancana de hojalata, que llevaba un corte para ponerla debajo del cuello. Así que los sábados había allí mucho follón.

El tío Miguel tenía dos hijos, Isidro y Ricardo. Este último también fue practicante y, al jubilarse su padre, se quedó.

En el año 29 sacó también el título Carmelo Martínez "el Frutos", y llevaron el pueblo entre los dos, hasta la guerra.

También puso una barbería hacia el año 28 ó 30 Sinesio Rueda Dobón y su hermano Octavio Lapuente. Después de la guerra siguió Sinesio. También arreglaba Florentín "el Manco". Después vino Antonio, que era de Villar del Saz. Al casarse con María Pérez Pérez "la Cabeza de Hierro", se vinieron a vivir a Bronchales.

MAESTROS

Conocí a D. Rafael Bea Corbín, de Libros. Ha sido el hombre más querido del pueblo porque (desempeñó su trabajo) en aquellos años que todo estaba mucho más atrasado que hoy. En los inviernos llevaba hasta 80 chicos y a todos nos daba lección todos los días. En Bronchales había barrios que sabían bastante de letra, quizás más que hoy con tantos estudios y tantos años yendo a la escuela.

Antes, a los 10 ó 12 años, a la mayoría ya les tocaba salir de la escuela para ir de pastores, como a mí.

D.Rafael se jubiló el año 25 ó 26 y lo sustituyó D. León Sanz, de Villar del Saz, que no fue malo, pero nos cambió todas las costumbres que teníamos antes y no aventajamos como con el otro maestro.

Allá por el año 1931 vino D. Andrés, que era de Bezas. Fue muy bueno. Yo fui con él por la noche a los inviernos, y aventajé mucho. Pero este hombre la cagó por meterse en política. Debió ser en las elecciones que hubo en noviembre de 1933, que estaba prohibido hacer propaganda en las calles. Lo pilló Marcelino Dobón cuando estaba en casa de los viejos Marcos Gil y su mujer, Miguela Juan Domínguez, queriendo hacerles ir a votar por el partido socialista. Por eso le tocó irse del pueblo.

Luego vino D. Pedro, que era de Teruel. Después de la guerra conocí a D. Joaquín. Éste se casó con Dña. Magdalena de Calatorado, de Zaragoza.

Entre las maestras, conocí a Dña. Amada Fuertes, de Bronchales.

Padeció mucho de la vista y no podía hacer nada aunque quisiera. Luego se quedó su hija Regina. Después de la guerra, Dña. Teresa, de Teruel, y Dña. Magdalena. También estuvo Dña. Angelines Gil, la mujer del veterinario, D. Ernesto.

Ya sabéis que una calle de Bronchales lleva el nombre de D. Rafael Bea merecidamente.

EL MOSÉN

Entre los curas que conocí está mosén Manuel Marqués Ambros, que era de Bronchales y que murió en la primavera del año 1930. Luego, en la guerra, los rojos profanaron su tumba rompiendo todo. Hacia el año 1926 vino mosén Juan Pumareta. Era de Cella, y era muy campechano y bromista. Un día estaba hospedado en casa del tío Mariano, el Zapatero, y había allí también señoritas veraneando. Este les echó en el orinal limonada y al ir éstas a mear les saltó todo a la culera.

El año 1929 vino mosén Francisco Lorente Vicente. Sus padres eran de Codos, Zaragoza, pero estaban trabajando en las minas de Ojos Negros. Estuvo en Bronchales hasta los años 1962 ó 64. En los años 31 al 35 estuvieron dos del Villar del Cobo, mosén Teófilo y mosén Antonio. Al marchar yo del pueblo creo que estaba mosén Ignacio, que es de Guadalaviar.

LOS HERREROS, CARPINTEROS, ZAPATEROS Y ALBAÑILES.

Había dos herreros: el tío Víctor Ramos Alcón, el Camorra, y el tío Pedro Pérez. Cuando éste murió vino en su puesto el tío Salustiano Pérez Martínez, su sobrino.

Fueron carpinteros mi abuelo, Andrés Martínez y, luego, mi tío José María. Éste se heló el día 4 de diciembre del año 1923. Después vino el tío Alejandro Jiménez "el Biencenamos", que era de Orihuela, y estuvo hasta la guerra.

Entre los zapateros conocí al tío Mariano Martínez, de los Frutos. Hacia el año 1932 vino el tío Mariano Jiménez "el Tanguillo", de Orihuela. Después de la guerra arregló Isidro Monzón Pérez "el Cabecica".

Los albañiles eran el tío José Barquero "el Paleta", y su yerno Pascual Lapeña, y Eloy Barquero Fuertes. Estos eran los paletas. Había algunos que echaban algún jornal en este oficio, como el tío Pedro Pérez "el Adón", el tío Pedro Hervás "el Constancio", y después ya aprendió bien Manuel Monzón Pérez "el Royo".

CRÓNICA NEGRA

Ahora contaré algo sobre unas muertes que hubo antes de nacer yo y que me contó mi madre.

El año 1876, en el mes de mayo, un día estaban los mozos tirando a la barra en la plaza. Era día de fiesta. Antes se tiraba mucho a la barra, aún conocí yo esto. Ese día, al salir de misa, una chica -no sé la edad que tendría, pero creo que unos 10 años-, que era hija del tío Mariano Alonso "el Capalana", al pasar por la plaza le pegaron con la barra en la cabeza y la mataron. El que la mató era hermano del tío Carlos Domingo "el Carlinches". Estaban de renteros en la masada de Colinas. Se llamaba Juan Francisco Domingo y, según me contaban, era una muy buena persona. Los días pasaban, hasta que llegó un día en que se encontró con el tío "Capalana" y no le dijo nada, pero la mujer y una cuñada soltera, que vivía con ellos, empezaron a meterle cizaña y a decirle que no era hombre si no lo mataba...

Hasta que un día, en el mes de julio, estaban los mozos cantando en la puerta de la cochera, que antes fue mía, junto a la casa de "los Lucas2, y que antes fue del tío Salvador "el Guapo"; el tío "Capalana" vivía en la casa que hoy de la Ventura Alonso "la Capalana". Este muchacho iba con una cuadrilla de mozos cantando. Al sentirlo el tío "Capalana", cogió un cuchillo y bajó. Los mozos, al verlo bajar, se lo albirtieron . Éste les contestó:"Pero si ya me lo he tropezado y no me ha dicho nada". El tío Mariano le dijo al llegar: "Aquí estás, chulo". Y entonces le metió una cuchillada en la espalda y éste echó a correr hacia su casa, que la tenían a rento, y era la que hoy tienen los hijos de Francisco Dobón Aula, junto a los locales de la Peña El Trompo. Allí cayó muerto.

Al tío "Capalana" le salieron 16 años de cárcel. Se vio que padeció mucho. Mi madre me decía que siempre les decía que jamás le aconsejaría a nadie que hiciera una muerte.

Contaré otra muerte que ocurrió aproximadamente en 1890.

Un día estaban varios hombres en la cantina jugando a las cartas. Uno era el tío Rovira, padre del tío Salvador "el Quiqui", y el otro era el padre del tío José Barquero "el Paleta". Empezaron a discutir los dos, aunque no de malas maneras, pero en ese instante entró el mozo José Barquero y, al ver que su padre estaba discutiendo con el tío Rovira, les dijo: "¿Qué pasa aquí con mi padre?". Y sin más, sacó una navaja y le pinchó al tío Rovira, que murió. Le echaron las culpas al padre por librar al hijo. A estos no sé qué cárcel tuvieron; sí que sé que el tío José no tuvo nunca buena salud, según decían, por esta muerte.

La muerte más sonada fue la de "el Lorito", que debió ocurrir a principios de siglo, hacia el año 1905.

La tía Dolores Pérez "la Lorita", como yo la conocí, tuvo tres hijos: Encarnación, que llegó a casarse con el tío Pepe Santos -ésta murió-; la Juana, casada con Cándido Soriano Dobón, éste de los Colinas y tuvieron una hija; luego el hermano, cuyo nombre no recuerdo, pero que le decían "el Lorito", y se ve que era muy borracho y que se iba por los pueblos -dicen que volvía cuando quería-. No les hacía más que males y en su casa estaban muy hartos de él; hasta que un día fue borracho a casa y les tiró toda la vajilla de las tablas, pues antes no había armarios como están hoy. La familia, el ver esto, lo mató y lo enterraron en la paidera que tenían en la misma casa, dándolo por desaparecido.

Se pasó el tiempo. El Cándido se puso muy grave y llamó a sus hermanos Rafael, Ignacio, Eugenio y Marcelino y les dijo que si un día moría su hija que declararan la muerte del "Lorito". Y así fue. La chica murió y estos denunciaron el caso. A la madre y a la hija se las llevaron a la cárcel no sé cuánto tiempo, pero sé que salieron en 1916, y que el día que vinieron a Bronchales el pueblo se amotinó. Salieron a esperarlas a San Roque con varas y les pegaron; luego, entraron en la casa, les rompieron todo y algunos se llevaron muchas cosas a sus casas. Con ellas venía alguno de Albarracín, que no recuerdo quién era, aunque los les valió de nada, pues les pegaron. Al final las recogió mi padrastro, el tío Marcelino "el Capalana", que era sobrino, y por esto la tía "Lorita" le dio algunas fincas. La casa se la deshicieron. Luego, la Juana se llegó a casar con Juan Pérez Gómez, "el Juan y Medio", que murió enseguida.

Yo llegué a conocer muy bien a la tía Dolores, pues al casarse mi madre con el tío "Capalana", siempre la convidábamos a los matacerdos, y nos causaba mucho respeto. Algunos vecinos aprovecharon para llevarse muchas cosas a sus casas. Creo que estuvo muy mal lo que hicieron.

EPIDEMIAS

Quiero hablar también de las epidemias de entonces, hacia el año 1918. Creo que murieron cinco de la cucaracha. Recuerdo lo que me contaron dos hermanos, Mariano "el Luchana" y su hermana, Isabel Lahuerta. El año 1922 cogió las viruelas el tío Ángel González "el Angelón". Yo recuerdo que mi madre nos lo advirtió mucho de que no nos acercáramos por esa casa. Había un miedo muy grande a esta enfermedad.

El año 1925 los contratistas de la carretera, que tenían dos chavales, fueron a Teruel y trajeron de allí el sarampión. Era en verano. Murieron en el pueblo 25 chiquillos, dos del tío Pablo, el Forestal, y otros dos de Lucio "el Esquilador". Todos los días había entierro.

La enfermedad que creo que más muertes se llevaba era la plumonía Había muchas viudas y viudos jóvenes; casi la mitad de los matrimonios estaban casados de segundas por unas enfermedades o por otras. Los últimos que murieron de plumonía en el año 1939 fueron Pedro Antonio Barquero Lapuente "el Boleto", y el año 1940 murió Florencio Alonso Lahuerta "el Capalana". Éste fue el último. El primero que se salvó en el año 1941 fue mi hermano, Ventura Molada Martínez. Ese año ya estaban las pastillas(?) de penicilina, y yo fui a por ellas a Alustante.

Sarna y piojos antes había en abundancia en algunas casas, y más cuando la guerra.

SASTRES Y SECRETARIOS

Había dos sastres en Bronchales: el tío Fermín Molada García y el tío Raimundo Borau. Al morir éste, quedó su hijo Fulgencio.

Como secretarios conocí al tío Manuel Monzón. Hacia el año 1926, al morir éste, vino Mariano Moreno, de Alustante. Después vino Marcos Garbe Molada, que era de Noguera, y se casó con la hija del saliente, Mariano. Esto ocurrió el año 29. Pero el año 1931 a éste lo tiraron el pueblo por la fuerza entre todos los vecinos. Contaré cómo fue.

Antes se pagaban las fiestas entre 16 vecinos, ocho casados y ocho mozos (solteros). Pagaban las misas, el pan bendito que se daba en ellas, la vaca que se mataba en la plaza, lo que daban de premio a los que ganaban las corridas que se hacían. Lo mismo el día de la Virgen que el día de la Abuela se nombraban dos capitanes, uno mozo y otro casado, que llevaban un bastón de mando y un banderín al hombro cruzado en cinta. Había otros que llevaban escopetas. Estos, cuando adoraban al Señor en la misa, salían al atrio y disparaban unos tiros al aire. Lo mismo hacían en San Roque. Otros llevaban unos ramilletes muy bien hechos, que daba gusto verlos. Así que el año 1931 le tocaba ser cargos al secretario, Marcos, siendo alcalde el tío Blas Dobón Berjes, que entró ese año al venir la república, en el mes de abril. En esos años había que pedir permiso, con quince días de antelación, a Teruel El alcalde llegó antes de las fiestas a pregutarle si había pedido el permiso y éste le dijo que sí, que ya estaba pedido, pero llegó el día de las fiestas y el permiso no estaba pedido. El tío Blas hizo saber a todo el pueblo lo que pasaba y el pueblo se amotinó y esa misma noche, "Marquillos", como se le decía, ya no durmió en el pueblo. Al otro día, éste dio cuenta a Teruel y vino la Guardia Civil y se llevó a unos cuantos vecinos detenidos, pero solo estuvieron detenidos dos o tres días.

Después vino Marcial Lázaro, que era de Saldón, sobrino de la tía Guadalupe Valero, casada en Bronchales con Eugenio Soriano Soriano, que creo era tío carnal de mosén Teófilo, actual párroco del pueblo. Este tal Marcial estuvo hasta la guerra. En la guerra vino el tío Leoncio López, que era de Motos. Al morir éste, se quedó su hijo Francisco o Paco, hasta que vino Casto Rubio. Éste creo que nació en Peralejos de las Truchas y estuvo hasta que se jubiló, fecha en que yo ya no estaba en el pueblo.

LAS FIESTAS

El día de Año Nuevo, gran fiesta, los chiquillos pasábamos a adorar al Niño. El Ayuntamiento tenía la costumbre de pasar todos los días de fiestas grandes a ofrecer al Señor. Iban con sus capas, que antes tanto se llevaban. Al pasar, estos echaban cinco céntimos u otra moneda en la bandeja. Algunas veces sus mujeres tenían que buscar (prestada) la moneda.

Ya que he nombrado la capa, contaré cómo se vestía en esos años. Yo todavía recuerdo a algunos viejos vestir con los calzones como se ve a los maños bailar la jota. Seguramente que, antes de nacer yo, la mayor parte de la ropa era de paño antes de usarse la pana. Los hombres iban con sus capas, que algunas eran muy majas y, además, de abrigo. Rodeando la cabeza llevaban un pañuelo atado. Esto estaba muy bien. Los mozos presumían mucho para ver cuál lo llevaba más majo. Al nacer yo, este pañuelo lo llevaban solamente algunos viejos.

El calcerio. Las albarcas habían comenzado a hacerse hace poco. Yo aún conocí las albarcas que se hacían de corriones de piel de toro, que eran muy ligeras y eran buenas para cuando iban a cazar con nieve. Yo vi a mi hermano Pedro José hacerse unas para ir a Andalucía. También llegué a ver ya rotas unas que hacían de cuero y con la suela llena de clavos. Decían que costaban 25 pesetas, que entonces era mucho dinero.

Todas las mujeres llevaban sayas largas, lo mismo que las mozas, con el pelo largo, con su moño atrás y sus peinetas. Como calcerio, unas llevaban botas de charol con botones y otras, alpargatas de cáñamo. Luego ya sacaron las alpargatas con la suela de goma, de goma colada, que era muy mala. Luego las sacaron con doble suela. También había quien llevaba botas de cuero, pero esto era un lujo muy grande en estos años de tanta miseria como había en España.

Las mujeres yo las he visto, como todos las veíamos, que cuando tenían la regla no se ponían nada. Veías a muchas con todas las sayas o las enaguas manchadas de sangre. Las bragas no se conocían. Las chicas pequeñas iban todas con el culo al aire. Las primeras bragas, que se conocieron en Bronchales las llevó una mujer de los contratistas de la carretera, la chica que contrajo los sarampiones.

El pelo, por esos años, empezaron a cortárselo las mujeres. Los años 25 al 27 las mozas empezaron a venir a Valencia, porque, antes, casi todas se iban a servir durante los inviernos. Esto ayudó a que poco a poco fueran cambiando su forma de vestir. Las capas de los hombres casi que todas las vi hacerse capotes con su gorro.

Y en las camas, no digo nada de la miseria que había. En muchas casas el colchón estaba hecho con ñudos de los vencejos que se usan para atar el trigo. Las camas eran de madera, hechas por los carpinteros. Algunos dormían en las pajeras. Había un albadero, el tío Tomás González, el mejor hombre que se ha conocido en Bronchales. Muchas veces iba a ver a los enfermos y les dejaba un duro debajo de la almohada, seguramente que no tendría otro en su casa. Cuando venía a mi casa a arreglar los bastes o albardas se le veía siempre rezando o cantando. Era muy querido por todo el pueblo.

Volvemos a las fiestas. El día de los Reyes se pasaba a adorar al Niño, igual que el día de Año Nuevo. A los Reyes les poníamos trigo en las ventanas o balcones, pero nunca nos dejaban nada. En las casas más pudientes dejaban algo. Pero todo era miseria.

Otra fiesta era la de S. Antonio. Ese día se hacía una hoguera en la puerta de la ermita y, por la noche, en la plaza, la gente joven se divertía mucho; los chiquillos, cogiendo leña por donde se podía; a veces, las mujeres nos hacían correr. También íbamos con los animales y dábamos tres vueltas con ellos a la ermita, rezando tres Padrenuestros. La ermita la cuidaba la tía Pascuala Monzón "la Bollas". Luego, al morir, la cogió su sobrina Sebastiana Gil Monzón. A ésta la relevó su hija, María Sáez Gil.

El día 2 de febrero celebrábamos la Virgen de las Candelas. Íbamos todos a misa. El cura nos daba una pequeña candela a todos, y todos los chiquillos nos poníamos contentos. Algunas veces los mayores nos las rompían y , ¡a llorar se ha dicho!

El día 3 era S. Blas. Ese día iban las mujeres a misa y llevaban panes, tortas y rollos para bendecirlos.

Luego venía Jueves el Ardero, vísperas de los Carnavales. Ese día nos juntábamos los amigos y hacíamos una merienda. Nuestras madres nos daban una tajada y un huevo, y ésa era la merienda.

Contaré lo que hicimos mi cuadrilla y yo el año 1926 ó 27. Recuerdo que era el día 16 de febrero. Hizo un día muy bueno. Después de comernos la merienda en casa de la tía Alejandra Barquero, nos fuimos a las Corralizas y nos metimos en la Lagunilla. Había más cuatro dedos de hielo que, al correr, se rompía y caías al agua. Ya se puede uno figurar cómo estaría. Recuerdo a Vicente "el Caracol", que la cruzaría más de diez veces, pues Manuel Pérez le daba alguna perra. Yo la pasé muy poco, porque daba miedo, aunque no nos pasó nada a ninguno. Íbamos: Vicente González Pérez, "el Caracol", Manuel Pérez Monzón, León Monzón Hervá "el Tuerto", Marcos Hernández González; Florencio Alonso Lahuerta "el Capalana" y yo, Román Molada Martínez.

Los Carnavales antes se celebraban mucho en Bronchales. Los muchachos nos hacíamos unas jeringas de madera, que llenábamos de agua para echarles a las mozas. También se hacían pelletas con un trozo de piel de oveja. Éstas se llenaban de jorguín del culo de las sartenes y ¡a echarles en cara a las mozas!. Y harina también se echaba. Yo vi cómo la tía Faustina Barquero "la Quemada" corría detrás de mosén Manuel para echarle harina, y él tuvo que meterse en su casa. Otro día vi a Pedro Pérez "el Vidal" pintar con la pelleta a Amparo Lahuerta "la Luchana". Ella, con la cara llena de jorguín, cogió una piedra y le dio a Perico en la cabeza y le hizo una herida. Y él, ¡a llorar!. Otro día vi cómo unos chavales cogieron, en el callejón que sube a la plaza desde la casa de los Lucas, a una hija del "tío Dios", el de Torres, con las jeringas y las pusieron chopada. Otro día vi cómo una cuadrilla cercaba a la Pilar Soriano "la Sidoraza", que venía de por agua con el cántaro bajo el brazo. Pero ella, al ver lo que había, dejó el cántaro en el suelo, cogió una piedra y dijo: "El que tenga cojones que me tire". Y todos echaron a correr. Recuerdo que el mayor de todos estos era Valentín Dobón Pérez.

En esos años había muchas juergas en el pueblo, dinero poco, pero estoy seguro de que la gente se divertía más que hoy. Por ejemplo, se hacían comparsas casi todos los años. Yo, desde el año 1924, las recuerdo todas. Este año la dirigía José o Pepe "el Pantalias" y el tío Tomás Martínez "el Frutos". Recuerdo la tonada y pongo una canción:

España, te estás quedando

como una flor amarilla

con esto del directorio

y la guerra de Melilla.

 

Estaba basada en la guerra que entonces había en Marruecos y en la dictadura de Primo de Rivera, que entonces mandaba. Para el año 1925 salió otra comparsa con el tío Tomás "el Frutos". Estos llevaba un carro con toldo dentro llevaban dos negros, que eran el tío Aniceto López Pérez "el Sillero" y el tío Sixto Aparicio, que era de Alba, una de cuyas hijas, la tía Juana, de había casado con el tío Paulino "el Sacristán", con esta canción:

Ahora verán ustedes

lo que jamás nunca han visto;

en el carro van dos negros:

el Sillero y el tío Sixto.

 

El año 1927 se hizo una -la más maja para mí-. La sacó mosén Juan Pumareta, basada en la guerra de Melilla. Los mozos iban vestidos de solados y las mozas de la Cruz Roja. Aún viven algunas de aquellas mozas. Pepe "el Pantalias", era el capitán; Marcos Jarque Salas hacía de Primo de Rivera, que, como estaba algo inútil, iba montado en el macho fabilo del "tío Pantalias", que era el más alto que había en el pueblo, por eso tenían que subirlo con una escalera; de moro Adbelcrin hacía Eugenio Pérez Juan "el Fraile", a éste al final lo fusilaban junto a las tapias de la iglesia. Esta comparsa la cantaron dos días, pero no recuerdo ninguna canción completa.

No se hicieron más hasta el año 1931, año en que ya se veía venir la república. La mandaba Agustín Jarque Soriano "el Cachorro", con esta canción:

Adiós, capitán Galán,

que quisistes morir un día

por defender tus ideas

con valor y valentía.

 

El año 32 ya estaba la república. Había más libertad. Agustín "el Cachorro" hizo una de bandoleros, con esta canción:

Aquí tenís al Pernales,

capitán de los bandidos,

que favorece a los pobres

y perjudica a los ricos.

 

Este año hicieron otra comparsa Manuel Monzón "el Royo" y Francisco Dobón "el Copalta". Hicieron dos murgas; con esto fue la juerga padre. En una venían vestidos de maestros y, como al entrar la república le tiraban tanto a la religión, estos decían:

Estábamos decididos

para entrar en un convento,

como el Gobierno aprieta tanto

no nos ha quedao tiempo.

 

El domingo de Piñata sacaron otra, y como el rey se había marchado a Inglaterra, decía así la canción:

Dicen que Alfonsito en Inglaterra está vendiendo cebolletas, rábanos y azafrán,

también dicen que vende lechugas y perejil, alcachofas y limones para poder vivir.

Ese mismo año sacaron otra, muy bien sacada, sobre política. La dirigía el tío Tomás "el Frutos". De Aniceto Alcalá Zamora hacía Gregorio Cabero, de Noguera; de conde de Romanones, Roque Aspas "el Tarranclos"; Manuel Torrecillas "Maceo" hacía del general Berenguer; de cardenal Segura hacía Santiago Gil González "Santiagazo"; Félix Pérez Gómez "el Cachucha", de general Martínez Anido; de capitán Fermín Galán, Francisco o Paco Aguirre, que era de Torres; de capitán García Hernández, Agustín Aspas Hernández "el Tarranclos"; de rey Alfonso XIII, Carmelo Martínez Soriano "el Frutos".

Así decía una de las canciones de esta comparsa:

El conde de Romanones

ya se ha comprado una lata

pa meter lo que ha robado

ya que tiene mala pata.

 

Hasta el año 1936 creo que no hicieron más. Ahora bien, la del 36 sí que fue gorda, tanto que trajo disgustos durante la guerra, como ya explicaré. Yo ese año 36 no estaba en el pueblo, pues me encontraba en Murcia con el ganado. Las elecciones generales fueron el día 16 de febrero y las ganaron las izquierdas, pero la comparsa la sacaron todos los mozos unidos. La escribió el tío Paco "el Pepeherraz", por esto casi le costó la vida. La mitad de los mozos y mozas hacían de izquierdas y la otra mitad hacían de derechas. Fue este día el último que todo el pueblo estuvo unido. Hasta bajaron a cantar a Cella y a Villarquemado, pero en estos pueblos hubo riñas y hasta se pegaron. Estos incidentes se corrieron por todas la provincia y fue muy sonada la dichosa comparsa. ¡Qué chasco me llevé yo un día en Villarreal de los Infantes, Castellón, allá por el año 1965, de noche, oí a un chaval de Escorihuela cantar esta canción. Al sentirlo le pregunté que quién le había enseñado esa canción, y me respondió: "Me ha dicho mi padre que está prohibido cantar esta canción". Yo, entonces, le conté todo: que la habían sacado en mi pueblo, y que al cantarla en Cella y Villarquemado se había corrido por todos los pueblos y, al estallar la guerra, tenían miedo a cantarla.

Después de la guerra saqué casi todas las canciones, pero de política no quise sacar ninguna, todas eran de los chavales y de sus cosas, de sus líos. Creo que aquí se acaba la historia de los carnavales.

También se celebraba el día 25 de marzo la fiesta de Anunciación de María, que luego se quitó en la república.

Luego venía el Domingo de Ramos. Los ramos los traía el tío Antón Pérez Hervás "el Juanico", de la Garganta de Noguera. Al morir éste, los traía su hijo Antonio. Era de una planta muy maja, que creo que le dicen tejo. Para los chiquillos era un día grande.

Después venía el Jueves Santo, que era el día más grande del año en Bronchales. Los chiquillos nos hacíamos carraclas de madera o llevábamos mazos también de madera y como a la mañana, en misa, moría el Señor, ya no se tocaban las campanas hasta el sábado, y los chiquillos íbamos por el pueblo tocando las carraclas y con los mazos dando en todas las puertas. Era una juerga para la gente joven. A la tarde se subía en procesión hasta Santa Bárbara. Después, en la iglesia, cuando cura daba unas palmadas, se liaba la guerra: todos los chiquillos tocando las carraclas y dando con los mazos donde podías... Esto duraba muy poco.

El Viernes Santo ahora se celebra más que el Jueves. Antes se hacía misa y el personal entraba a ver al Señor. A los chiquillos nos causaba mucho respeto el verlo en el monumento, con los judíos y todo... todo esto lo quemaron los rojos.

El Sábado Santo, casi que todo igual, pero ya se tocaban las campanas al medio de la misa.

El Domingo, temprano, se hacía la Misa de la Paloma. Primero salía el Niño (que creo que lo han robado después de irme yo del pueblo) y con él salían hasta San Roque, delante del resto de la procesión; después salían otros con la Virgen. Donde está ahora la casa del médico, allí se juntaban, se hacían unas reverencias con las banderas y, entonces, la Elvira, la Molinera, soltaba una paloma que llevaba escondida debajo del manto de la Virgen. Luego se hacían buenos bailes de mañana, de tarde y de noche. También se hacían muchas meriendas, lo mismo los mozos que los casados. Creo que, quizás, la gente se divertía más que ahora, y eso con toda la miseria que había, mientras que hoy hay de todo "a manta", como se suele decir.

El día 25, San Marcos, se subía hasta Santa Bárbara y se hacían rogativas. Ese día el tío Paulino, el Sacristán, hacía un repique de campanas que estaba muy bien.

LOS MAYOS

La noche del 30 de abril se juntaban los mozos en los cafés y se hacían las listas de todos los mozos y mozas del pueblo, se metían en dos peroles y, luego, a ir sacando una boleta de cada perol; así se sabía el mayo que le había caído a cada moza. Después ya, a media noche, se salía a cantar por las calles para decir a las mozas qué mayo les había caído, y éstas te daban algún dinero, aunque la mayor parte daban huevos. Al otro día se hacía una merienda. Por la noche se bebía mucho y había muchas borracheras. Todo se pagaba con lo que se sacaba de la rolda, menos en el año 1934. Esto siempre lo organizaban los quintos. Este año, los quintos del 34 nos hicieron pagar si queríamos beber, y nos cobraron dos reales a cada uno. Los chavales, al cobrarnos, bebimos el anís como si fuera agua, y se pillaron muchas borracheras esa noche por culpa de los quintos, que hicieron lo que no había hecho nadie.

Estos son los nombres de todos ellos, tal como los recuerdo: Benito Rueda Dobón; Amalio Martínez Hernández "el Molinero", Sergio Herranz Juan "el Pepeherraz", Mariano Sanz "el Cabila", Dionisio Aroca "Papín", Fermín Aula Hervás "el Tartamudo", Anastasio Lahuerta Rizusta "el Pajalta", Manuel González Hernández, Matías Dobón Alonso, Manuel García López "el Faustinete", José Hernández González; Joaquín Barquero Barquero "el Boleto", Agustín Gómez Barquero "el Pelao", Domingo Dobón Aula "el Copalta", Manrique Pérez Pascual y Javier Alonso Asensio.

Así que el día de los Mayos era día de mucha fiesta para la gente joven. También se celebraba el Dos de Mayo, en memoria del levantamiento en Madrid, en 1808, contra los franceses.

El día tres era la Cruz de Mayo. Se subía a las piedras de Santa Bárbara en procesión, ponían una mesa en lo alto y allí el cura celebraba algo de parte de la misa, y también se bendecían los trigos. Recuerdo un año que hacía tanto aire que mosén Francisco tuvo que suspenderlo todo, pues hacía tanto aire que en una de ésas le subió todas las sotanas a lo alto de la cabeza.

Luego ya venía el día de la Arcensión, que era un día de las señalados del año. Después, el Corpus, casi lo mismo que la Arcensión: buena procesión y buenos bailes por la tarde y por la noche.

Después de las Pascuas de Mayo, durante tres días, de hacían muchas meriendas, lo mismo los mozos que los casados.

El día 13 se celebraba San Antonio. Ese día pagaba la misa la tía Cirila Sanz González. Decían que había perdido la vista y que tal día como éste de no sé qué año la había recuperado; así que ella pagada la misa y tocaban en ella el tío Toribio Aspas "el Alguacil", que tocaba el tambor, y Pepe "el Pantalias", hijo de la tía Cirila, tocaba la flauta. Todo esto estaba muy bien. Después, la tía Cirila hacía un convite en su casa para las autoridades y sus más allegados; a los chiquillos nos daba también alguna chuchería, como galletas o chupones de los de antes.

El día 24, San Juan. La víspera por la noche los mozos se iban a tirar las enramadas. Les daban tres pinos para tirar, los bajaban al pueblo y, por la mañana, se ponían derechos en la puerta de la iglesia, y en plaza hasta el día San Pedro, día en que los tiraban y los vendían, haciendo una merienda los mozos.

El año 1940, como iba yo pastor, sabía que en la Cañada de las Ceicas había un pico que creo era el mejor que había en el término. Y así fue, lo tiramos pero no pudimos menearlo del sitio. Tendría unos 25 metros de largo, muy gordo y lavado. Tuvimos que serrarlo por medio, pero ni aun así podían los mulos con él. A mí se amargó un mulo con este pino. Llegamos a las tres de la tarde al pueblo. Desde ese año, ya se vendían en el monte y no se bajaron al pueblo. Ese año sacamos la costumbre de que el dinero que se sacaba se guardaba para las fiestas y con esto se compraba el toro. Antes se hacían novillas, pero el año 1940 compramos un toro y creo que yo fui el que más se divirtió con él.

En los años 1956 y 57 nos dieron a los casados también tres pinos y se compró una novilla con lo que sacamos. Luego, la merienda. Recuerdo que brincamos de 80 socios casados, así que, contando también a los hijos, casi estaba todo el pueblo de merienda.

En año 1957 me metí en un bidón -hay muchos que aún lo recuerdan- y la novilla me llevó rodando hasta la barrera; después salí, me dejó la capa Guillén, que era el torero que venía estos años, y toreé la novilla todo lo que quise. Así que vamos por San Pedro, porque siempre se guardaba este día.

El segundo domingo de julio se celebraba San Cristóbal. Ese día se iba a la ermita, el Ayuntamiento daba vino, y allí en la ermita, después de la misa, se merendaba. Había alguna borrachera. Después, a correr a los mulos. Antes de hacer la carretera, se venía por Cabeza Modorra a San Roque. Después ya, por la carretera, al llegar al pueblo, se juntaban los mozos con los mulos y echaban a correr para ver quién ganaba la corrida. Había algún porrazo alguna vez que otra.

Llegaba Santiago, que se celebraba bien, pero algunos años, si venía la siega pronto, se guardaba poco esta fiesta (la gente se dedicaba a la siega).

FIESTAS PATRONALES

Llegan las Fiestas de Bronchales. El día de la Virgen, lo de la iglesia creo que era todo como hoy, pero antes, a la tarde, se echaban a correr los mozos. Antes de hacer la carretera, corrían por el Calvario hasta lo alto del Santo; después, al hacer la carretera, corrían hasta el kilómetro. Esto lo pagaban antes los Cargos. Se echaban a correr en calzoncillos y a más de uno se le veía la chufla y algo más. Recuerdo que casi siempre ganaba Isidro Pérez Gómez "el Cachucha". Después se iban a la plaza, se bajaban bancos del Ayuntamiento para las autoridades y se bailaban "los Pollos", como se decía, que era la jota que tanto se bailaba entonces. Yo recuerdo al tío Pablo López "el Minches"; a mí era el que más me gustaba, por las farzas que hacía. Se acabó esto después de la guerra. Los últimos que la bailaban fueron el tío Marcelino Dobón Barquero "el Perito" y la tía Mercedes Clavero "la Paquilla". Ha sido una lástima que se haya perdido esto.

El día de San Roque, lo de la iglesia era igual que hoy. La Sopeta, por la tarde, sí que ha cambiado. Antes no se tiraba el vino. Se hacían cuadrillas, y con barreños y tortas se hacían buenas Sopetas, y alguno caía si abusaba. Ahora creo que hay más juerga, claro que hay mucha más gente y dan muchos más vino que antes. Creo no se podrá conseguir el que dejen de tirar el vino. La cosa es que la Sopeta es una cosa muy grande, como se verán pocas en los pueblos, y lo más majo es que nunca ha habido riñas importantes.

Antes, por la noche, los Cargos tenían que hacer las barreras, aunque a veces buscaban quien las hiciera, como a algunos borrachillos que había, y con esto se sacaban alguna perra para bebérselo después.

El día del Toro, por la mañana, algunos mozos salían con los mulos bien enjaezados, y algunos con sus novias, a esperar los toros hasta el Chorrillo

o hasta la Calzada, que eran por donde siempre bajaban. Antes traían siempre vacas, hasta el año 1932 en que lo prohibieron, y desde entonces han traído toros. Antes también metían ,por la mañana, a toda la vacada del pueblo. Los mozos hacían barbaridades con los novillos, por eso se quitó esto. El año 1930 trajeron dos vacas royas muy gordas, que siempre eran del tío Ignacio Jiménez, de Orihuela, que tenía ganadería. Estas fueron las última vacas. El año 31 no hicieron toros, como ya dije antes, por culpa del secretario "Marquillos". El año 32 ya volvieron a hacer.

El día 18, el Día de la Abuela -como se decía antes-, por la tarde se corría en sacos y también con burros con la albarda al revés. Esto casi se perdió antes del 30. Por la tarde, los mozos siempre hacían una novilla, algunos años dos. El año 1942 hubo un lío con el tío Juanillo, que ya se sabe que era de Bronchales y era maestro, se casó en Monterde y siempre estuvo allí de maestro; por cierto muy bueno; pero este año 42 les vendió los toros al Ayuntamiento y a los mozos les vendió otro toro de dos años, muy majo. Esa noche le dio a Alejandro López "el Limo" tres pesetas para que lo escondiera; éste lo cogió con los mansos y lo metió en lo de Noguera. Al otro día, al ir a por él y no estar, quiso que cogieran otro de los que había, que eran mucho más feos, y tuvo que tomar parte la Guardia Civil, y le hicieron llevar uno de tres años, que se toreó y se mató. El tío Juanillo quería cobrar igual que los del Ayuntamiento, pero los mozos no quisieron pagarle sino lo que tenían tratado con el anterior.

Se pasó el tiempo. Luego, en el mes de noviembre, como estaba entonces la guerra mundial en todo su apogeo, empezaron a llamar a quintas. El primero de diciembre se tenía que entregar toda la quinta del 41; el día 10, la del 40; el día 20, la del 39; y el día primero de enero de 1943, la del 38. Ésta, como ya se sabe, no llegó a marchar. Durante esos días tuvo una entrevistas Franco con Hitler en la frontera de Francia y se arregló el asunto de que España no entrara en la guerra. A consecuencia de esto, los mozos se gastaron todo el dinero que tenían para pagar el novillo. Un día, más adelante, se presenta Ramón, el hijo del tío Juanillo, que era Teniente del Ejército, y una de las noches llamó a varios padres y algún mozo de los que quedaban, entre ellos a Manuel Pérez Monzón, y empezó por decir que su padre quería para él lo que habían tratado primero, y la diferencia que había entre uno y otro toro la daba para arreglar la ermita de Santa Bárbara. Pero va y suelta con chulería al decir esto: "Quiere que me contesten al estilo militar". Entonces va Manuel y le suelta: "Yo, de militares estoy hasta los cojones". Con esto la junta se acabó. Pero este tal Ramón se ve que al día siguiente se fue a Orihuela y debió hablar con la Guardia Civil, pues ésta -que seguramente le pilló miedo al Teniente-, volvió la chaqueta al revés. Un día se presentó la Guardia Civil en el baile y llamaron la atención a todos los mozos que tenían que pagar el toro, pero los mozos echaron a correr y se salieron del baile; los guardias cogieron a Ángel Hervás Clavero y le dieron una bofetada, y así quedó la cosa. Pero un día subía el tío Juanillo por el pasillo, lo vio Ángel y le devolvió la bofetada que le había dado la Guardia Civil. Así que aquí se acabó todo el lío del dichoso toro de Juanillo.

Siguiendo con las fiestas, el segundo domingo de septiembre se celebra la Virgen del Tremedal

. Antes siempre se iba andando por el camino, pasando por el Ojuelo y por la fuente del Canto. Ahora ya todos van con sus coches. Yo hace dos años que fui andando con mi mujer por el collado Sevillanos.

A día siguiente, los toros, a los que también fui en 1989 andando con mi mujer. ¡Qué gozo queda recorrer todo aquello que ya ha pasado! ¡Qué mojadinas que nos hemos dado otras veces por ir a ver los toros de Orihuela, lo mismo que cuando íbamos a la Feria, que se hacía del 25 al 28 de septiembre! Estaba muy bien el verla.

El día San Miguel era muy sonado, pues ese día se cambiaban los vaqueros, los duleros, los cabreros, los guardias y los pastores. Esto siempre se hacía de San Miguel a San Miguel.

El segundo domingo de octubre se celebraba el domingo del Rosario, fiesta que se venía celebrando desde que se ganó la batalla de Lepanto, allá por los años 1580; la puso el Papa que entonces había. Ese día se subastaban las parcelas sobrantes y lo que sacaban de la subasta lo daban para vino. Esa tarde había alguna borrachera.

El día primero de noviembre, el día de Todos los Santos, era en aquellos años muy sonado, por la religión que había entonces. Por la noche se juntaban las familias y vecinos a rezar. Daba gozo ver aquellas juntas familiares, que hoy no se ven, en donde se rezaba el Rosario primero y, luego, venga rezar por las almas del purgatorio, después un Padrenuestro por cada familiar de los que allí había (que si había unos veinte, ya se puede calcular los Padrenuestros que se rezaban). Mientras se rezaba, el tío Paulino, el Sacristán, tocaba las campanas a medio bando toda la noche. Daba algo de temor.

Después, hacían patatas fritas y tocino fresco, y ¡a hablar de brujas!

Día, Santa Catalina. Ese día se hacían hogueras, fiesta para los chiquillos.

El día 4 de diciembre, Santa Bárbara. Se hacía misa en la ermita y los chavales hacíamos allí la hoguera. Ese día hay en Bronchales un triste recuerdo: en el año 1923 se heló mi tío José María al venir de Orihuela. Antes había una farmacia para dos pueblos y estaba en Orihuela. A mi tío le daba ese año el Ayuntamiento 250 pesetas al año por ir todos los días a por las recetas que había. Al volver, probablemente iba muy bebido, y como en los ríos no había puentes sino vigas, al pasar mi tío cayó al agua y, a pesar del mucho frío que hacía, logró llegar hasta la Tejería; allí cayó. Lo encontraron al otro día Restituto Hernández Hernández "el Marquiches" y la tía Constantina Hervás, que se mató al caerle encima una biga al entrar en una paidera.

El día 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Esta fiesta la sacó el Papa Pío IX por los años 1865.

El día 13, Santa Lucía, día de las hogueras, fiesta para los chavales.

El día 24, Nochebuena. Todos los chavales iban con campanillas y zambombas, que hacíamos con un bote y un trozo de piel de oveja, y ¡a tocar!. Pasábamos a veces mucho frío cantando por las calles, todo por cuatro higos que te daban, pues en aquel entonces no había nada. Por la noche volvíamos a salir a cantar otra vez, hasta que tocaban a la Misa del Gallo. En esa misa pasábamos a adorar al Niño. Un año -sería el año 26 ó 27-, en casa de la tía Florencia había una chica llamada Ernestina, que era de Silla, Valencia; estaba tuberculosa, y pasó casi dos años o más en Bronchales, pues entonces no había medicinas para este mal, tan malo como es. Al final, esta chica murió. Esa noche de Nochebuena del año 26 ó 27 ella nos dio cinco céntimos a cada chaval por ir a adorar al Niño con un cordero al hombro. Fuimos Manuel Pérez Monzón, León Monzón Hervás, Marcos Fernández González, Florencio Alonso Lahuerta, Fulgencio Martínez Soriano y yo, Román Molada Martínez. Ya veis la pobreza de entonces, cinco céntimos para esto.

El día 25, en misa, pasaba a adorar al Niño primero el Ayuntamiento con sus capas, como ya dije antes, luego los chavales y demás personal.

El día 28, día de los Inocentes, se salía a pedir limosna para las almas del purgatorio y lo que se sacaba (en especie) se subastaba por la tarde en la iglesia. Todo era para el cura, que con esto les hacía misas a las almas. Esto lo llevaba antes el tío Santiago "el Santiaguete" y los chavales íbamos con cestas, la gente nos daba un cesto de patatas o un pan o huevos, etc.

Se me olvidaba decir que el día de Nochebuena también iban a pedir el aguilando los cabreros, los duleros, los vaqueros; todos sacaban rosca.

La Noche Vieja en Bronchales antes no se conocía ni se disfrutaba tanto como ahora.

Aquí acaba la historia de las fiestas. Algo creo se me habrá olvidado. Se me olvidaba la Virgen del Pilar. Ese día siempre ha sido muy grande en Aragón.

LOS ÁRBOLES DE SAN ROQUE

Ahora contaré algo del pueblo.

En el año 1924 se sembraron los primeros árboles en el paso de San Roque, a mano izquierda. Hoy sólo queda uno. Éste lo sembró Agustín Gómez Barquero "el Pelao". A cada chiquillo nos daban un árbol para llevarlo desde la Plaza al paso de San Roque. Luego, cada uno de nosotros iba a regar su árbol. Ese año era yo el más pequeño de la escuela y no podía llevar el árbol por ser muy largo y me tuvo que ayudar Eugenio "el Limo". Ese día vino todo el Ayuntamiento y muchos vecinos del pueblo. Era alcalde el tío Paco "el Pepeherraz" y su mujer, la tía Francisca Juan "la Cachucha" nos dio un huevo cocido a cada muchacho. También recuerdo el verso que dijo la Ramona Pamplona, que decía así:

Fertilízanse cerros y valles,

los ganados se ven prosperar

y el país, antes árido y pobre,

se hace luego abundante y feraz.

El año 1925 se sembraron los árboles de las fuente del Hierro. Aún veo yo todos los años el tronco del árbol que yo planté.

COSAS DE BRUJAS Y OTRAS CURIOSIDADES

Ahora contaré cosas de brujas.

Ya sabís que antes había muchas brujas en Bronchales; se decía que había siete o más. Los chiquillos les teníamos hasta miedo. Decían que las hijas lo heredaban de las madres y, como nos lo contaban nuestras mismas madres, pues estábamos ciertos de que esas mujeres eran brujas.

También estaba las curanderas, que todo lo curaban. En el pueblo de Val de la Cabrera había una de éstas, que se hizo medio rica con estas mentiras. A este pueblo llegaba gente de toda la sierra de Albarracín. Por cualquier cosa que pasaba, hasta enfermedades o muerte de los animales, la gente acudía a ella.

Contaré un caso muy majo que le ocurrió Pedro Hervás Clavero. Sería por el año 1933. Tenían en casa una perrilla que seguramente cogió la rabia. Estaban en su puerta él y su padre, el tío Paquillo, y vieron que la perra le mordía aun perro del Forestal, y hasta empezó a modisquearles también a ellos o por lo menos les hizo algún arañazo; luego, salió corriendo por la plaza y en las eras de la Fuente del Hierro; y yo, que estaba soltando el ganado, vi que la perrilla les mordía a casi todas las gallinas. Luego, se fue derecha al Camino de Orihuela. El tío Paco y Pedro, su hijo, tuvieron que ponerse en cura y bajaron a la curandera de Val de la Cabrera. Esto me lo contó a mí Pedro. Ella le dijo: "Abre la boca". Él la abrió y va ella y escupe en la boca de Pedro, diciéndole: "Ya está curado". ¿No es esto un caso de risa? Luego tuvieron que ponerse en manos de médicos para poder curarse.

A mi hermano Pedro José le cogió la tuberculosis en Andalucía y no hacía caso del médico, D. Manuel Palmeiro. Fue dos veces a ver a esta mujer y recuerdo que le recetaba matar un conejo y, estando recién abierto, colocárselo sobre el pecho con todas las tripas. Otra vez le dijo que hiciera con una rana lo mismo que con el conejo, o sea, ponérsela abierta en el pecho.

Creo que todo esto ha desaparecido desde la guerra para acá., lo mismo que las apariciones de los muertos.

Contaré lo que a mí me contaron, puesto que ocurrió antes de nacer yo.

Decían que a la tía Petra Pérez Monzón "la Grande" se le apareció una tía suya, que le decían Marieta, y ella lo hizo saber a todo el pueblo. Dicen que le decía que tenía que decirle una misa, pues se la había ofrecido y no se la habían dicho. El cura, mosén Manuel, decía a la gente que no hiciera caso, pero ¿quién paraba las creencias de aquellos tiempos? La gente esos días estaba aterrorizada, pero reunía para curiosear y cuando la tía Petra decía "ya viene", la gente se ponía a temblar. Al final, algunos le dijeron que le pidiera que le dejara una señal, y el último día dice que le puso un pañuelo y la Marieta le puso la mano y la dejó marcada en el pañuelo con un quemado. Mi madre dijo que el pañuelo lo guardaban, pero yo me pregunto: ¿Quién lo guardó? Nadie lo ha visto.

Aquí va otro caso; éste yo ya lo recuerdo bien.

Pasó en el invierno del año 1928 al 29. Se bajaron como pastores a las granjas a casa del que luego fue suegro de Eustaquio Gil Sáez, Martín Hervás López y Blas Dobón Dobón. Blas iba con las ovejas de cría y estaba con ellas en la misma casa. Martín iba con el vacío y estaba con ellas en el monte. Dormían en la pajera, junto con otros criados. Una noche bajó Martín o no quiso cenar. Se fueron a dormir. Blas no paraba de preguntarse qué le pasaba y Martín decía que nada. Blas insistía e insistía tanto que, por fin, Martín le dijo que se la había aparecido San Antonio y le había encargado que tenían que decirle una misa. Blas se lo dijo a todos los criados y ellos no hacían más que reírse. Al día siguiente bajó Martín diciendo que se le había aparecido su padre encargándole también que debían decirle una misa a San Antonio. Martín bajaba del monte muy asustado. Yo recuerdo que mandaron enseguida aviso por teléfono a Bronchales para que le dijeran la misa, que se dijo ese mismo día. Esa misma noche se fueron el amo y Blas a acompañar a Martín y, al ir a cerrar el ganado, empezó Martín a decir: "¡Ya viene, ya viene!". Martín se agarró al amo y a éste se le puso el pelo de punta y le cayó la gorra al suelo. Blas, que estaba allí mirando, no veía nada. Según contó Martín después, esa noche fue otra vez San Antonio, que vino a darle las gracias por haberle dicho la misa encargada.

Esto me lo contó Blas.

Según decía la gente, hace ya años que el padre de Martín, el tío Román, tuvo un atajo de carneros a medias con el tío Pascual "el Moro" y como se le morían algunos carneros, éste ofreció una misa a San Antonio para que se curaran, pero se olvidó decir la misa ofrecida.

Aún pasó más sobre esto, que cuento a continuación.

El año 1936, unos días antes de estallar la guerra, bajábamos los pastores a cerrar el ganado del Ojuelo y de Cabeza el Golosa. Al bajar, todos nos juntábamos a charrar. Como había tanta trinca con la política y Martín entonces era comunista perdido, va el tío Leoncio Alonso González y le dice a Martín: "Parece mentira que se te apareciera tu padre y ahora seas tan comunista". Martín se le quedó mirando, pero no dijo nada; si no llegamos a ir tantos como íbamos, le pega un garrotazo.

Otro hecho que ocurrió en Bronchales fue el siguiente:

El verano de 1929 pasó un caso grande en Bronchales. Fue en el mes de julio. Murió el tío Faustino Alonso "el Ronquilla" y lo enterraron. Este hombre había dejado desheredados a tres de sus hijos porque no habían hecho caso ni de él ni de su mujer, la tía Pilar González. Los tres desheredados fueron el tío Leoncio, que estuvo conforme con lo que había hecho su padre, Isaac y Pascuala; estos otros dos, no estaba de acuerdo. Estos, después de enterrado su padre, bajaron a Albarracín a dar cuenta a las autoridades de que a su padre lo había matado su hija Manuela, que era a quien le había dejado toda la herencia, y creo que todo el pueblo sabía que así había sido, porque así fue.

A los quince días subió a Bronchales el juez y lo desenterraron. Ya se puede uno imaginar cómo estaría el cadáver con la calor que hace en ese tiempo. En ese desentierro estuvo Carmelo, que había sacado entonces el título y allí se estrenó con este caso tan feo.

Esta familia aún tuvo otras intervenciones, como la del otoño de ese mismo año 29, en que una de las noches fueron a pegarles a los Celestinos el tío Isaac y los Abaristos (por Evaristos); pues esa noche Matías, al ver que sus tíos iban a armar camorra a su misma casa, echó a correr para llamar a su tío Pedro "el Mayoral", padre de Santiago, quien cogió el hacha corriendo, pero a la que llegaron a la casa ya se habían ido los otros.

Ese año 1929, el día de San Juan, pasó por Bronchales uno de Tramacastilla, que venía con su carro de comprar harina de la fábrica del Pobo. Estuvo hablando con Eugenio "el Fraile", pues se ve que eran algo de familia y salieron con él hasta la Fombuena. Encima de la Peña del Molino no sé qué le pasó que carro volcó. Había allí unos chiquillos jugando, uno de ellos era Fulgencio " el Frutos"; vieron que éste quitó el ramal de la máquina del carro, se sube a un pino y se cuelga. Los muchachos echaron a correr para pedir auxilio. Aunque estaban todavía los mozos en la Fombuena, que estará a una distancia de un kilómetro, fueron corriendo y todavía lo encontraron vivo. Eugenio le decía que se agarrara, pero él se dejaba caer aún más, de tal manera que tuvo que subir Fulgencio con una navaja y cortar la cuerda. Lo bajaron al pueblo, llevándolo a casa del médico. El cuello se ve que lo llevaba negro y muy hinchado, pero se escapó de la muerte. Según dijeron, se ve que le tenía mucho miedo a su padre, que tenía muy mal genio.

A continuación voy a contar algo que me gusta mucho.

El hombre más gracioso que yo he conocido fue el tío Vidal Pérez Asensio. Le vi muchas veces hacer reír a todo el que le veía. El año 1932 ó 33, el día del toro, estando en plaza, los mozos estaban toreando a su hijo, Pedro. Lo toreaban sus amigos. Al verlos el tío Vidal, sale a la plaza y pone a hacer el "Don Tancredo". El hijo que lo ve, arranca hacia él y lo tumba. Fue una gran juega ver al padre y al hijo por los suelos, pues el hijo era tan divertido como el padre. Después contaré otras cosas suyas.

Un día de mucho frío, siendo el tío Vidal ya muy viejo, estaba meando contra una pared, subiendo por el horno hacia el Chorrillo; pasó uno y le dijo: "¿Qué hay tío Vidal?". Y él le contestó: "Tiempo loco, se encoge la picha y se estira el moco".

Yo se enseñé a hacer cestos. Venía a mi casa con frecuencia y allí teníamos la juega con él, tanto mi mujer como yo. Para hacer el culo del cesto, tenía que agacharse y le hacía mal la tripa. Entonces va él y me dice: "Si lo sé no ceno" (y eran las 10 de la mañana).

Tenía la costumbre de decir "joder". Un día, mientras estábamos comiendo, apareció él y comentamos entre nosotros: "Ya verás como lo primero que dice al subir será ‘joder’ ". Así fue. Nada más llegar dice: "Joder, que aproveche". Mi mujer y yo no nos podíamos tener de la risa.

Me contaron que un día, cuando yo ya no estaba en el pueblo, se juntaron el tío Pascual "el Chotero", el tío Paulino "el Sacristán" y ellos sabían que el tío Chotero cantaba a alguna mujer cuando estaba en Valencia con su hija Quiteria, que creo que hasta cogió algo de purgaciones, y el tío Vidal le dijo: "Joder, tú aún lo catas, pero nosotros estas a dos velas".

Así era el tío Vidal.

Recuerdo a Félix Pérez "el Cachucha", que también era muy gracioso y decía unas palabras que tenías que reírte con él. Recuerdo un día decir a éste que había una mujer en Bronchales llamada Rosa Lahuerta Rizusta "la Pajalta", que era algo marrana. A veces hasta se la veía con algún jorguín en la cara. Recuerdo verla sentada en su puerta, con el culo al aire y los chiquillos mirándola. El tal Félix decía un día: "Si tú eres rosa, mis cojones son claveles".

OTRAS CURIOSIDADES

El Bronchales hubo una farmacia, allá por el año 1928. Vino don Jaime Galindo, que era de Villafranca del Campo. Estuvo cuatro años. Después vino otro, que estaba en casa de Teresa de la Peña; no recuerdo cómo se llamaba.

Hacia el año 1931 pusieron una serradora donde hoy está la casa de los Barrera. Creo que al amo le decían el "tío Pinos" y que era algo contratista en carreteras. Era de la parte de Alfambra, de Allepúz. Recuerdo que se quedó una corta de pinos a diez duros cada uno, ¡pero qué pinos!; hoy no hay ninguno como aquellos. Esta corta estaba en el Collado del Portichuelo, junto a la carretera. Un día amaneció la serradora toda quemada, sin que nadie se diera cuenta de nada. Decían que habían visto salir un coche del pueblo muy de madrugada, y no se supo nada más.

Contaré algo sobre el nombre de "Villa Rosario".

A este punto del término le decían antes el "Collado de Tramacastilla". Por el año 1927 vino una familia a veranear. Era de Zaragoza. La señora se llamaba Doña Rosario y tenía tres hijos: Ramón, Carmelo y Potito. El primer coche de veraneantes que vino a Bronchales fue el de esta señora. El primer año estuvieron en casa del tío Baldomero y tuvieron de criada a la Amalia Pérez Pérez. La señora Rosario tenía la costumbre de subir con el coche todos los días hasta la Fombuena, cogía agua y se iba al Collado de Tramacastilla. Allí mandó hacer unos poyos con cemento y en ellos puso el nombre de Villa Rosario. Ya sabéis, pues, de dónde viene el nombre de este paraje.

Doña Rosario era una señora muy buena. El año 1928 regaló a la iglesia un Corazón de Jesús, que no sé si aún existe. Hizo una fiesta muy grande el día 26 de agosto. Trajo un fraile a predicar en la misa, hubo música; tocaba el tambor el tío Toribio "el Alguacil" y la trompeta, Pepe "el Pantalias". Por la tarde hubo baile en la plaza, tocando los mismos músicos. Dieron chocolate a los chicos (unos a otros con los ojos tapados), pusieron una soga con peroles con caramelos, algún dinero y agua y, con los ojos tapados, había que golpearlos con un palo hasta romperlos.

El año 1929 esta familia estaba en el piso o casa del tío "Culocapazo", que es la pega al Hotel Ballester, frente a casa del pintor. Todas las noches Amalia, la criada, sacaba una olla de leche en el balcón para que se refrescara, pero había cuadrillas de mozos que todo lo recorrían por la noche; los mozos que vieron la olla, subieron al balcón y se bebieron la leche, dejando un papel escrito, diciendo que había estado muy buena y que pusieran más. La señora pilló asco a esta olla y se la regaló a la Amalia. Ésta, pues, es la que más ganó. No sé los nombres de los mozos que iban, pero sí sé que era la cuadrilla de Cayetano Barquero "el Boleto".

Esta familia dejó de venir a Bronchales el año 31, al entrar la república. En la guerra llegué a hablar con el hijo pequeño, el Potito, que tenía un almacén de hierros. El tío" Culocapazo" era de Almunia de Doña Godina, Zaragoza.

Contaré ahora la muerte del tío Agustín Molada, el Caín. Fue la noche del día de San Antonio. Se ve que se emborrachó y lo llevó a su casa el tío Roque Aspas "el Tarranclos". Lo dejó dormido en el banco que tenía junto a la lumbre y lo tapó con una manta. Seguramente, al moverse éste, la lumbre prendió en la manta, pilló fuerza y, como él estaba como estaba, no se dio cuenta hasta que el fuego le llegó a las carnes; se tiró fuera pidiendo auxilio. Desde la cocina lo sintió la tía Trinidad "la Caracola", pero como lo había sentido vocear ya tantas veces, no le hizo caso, pues este hombre de emborrachaba muchas veces. Al otro día cayó una nevada muy grande, más de medio metro, y como vieron los vecinos que no abría la puerta, se juntaron varios y la abrieron. Lo encontraron en medio de la cocina quemado del todo.

El huerto donde han hecho el depósito de agua de las Cañadas era suyo y lo dio a Lucio, el Esquilador por trece duros; todo para beber.

En los años 1943 al 45 se quemó Francisco Barquero, el Jaro, estando en su casa solo. No se sabe cómo ocurrió. Sólo se sabe que, al verse ardiendo, salió a la calle, lo que fue su perdición, pues con el aire tomó más fuerza el fuego. Bajó corriendo a casa de su tía Ana María, que estaba cerca, pero el corto trayecto fue bastante para morir. Se lo llevaron a Teruel, pero no le sirvió de nada, y murió.

Ahora les toca el turno a los ahorcados. El primero ocurrió en el año 1931, durante la primavera. Fue el tío Roque Dobón Monzón. Se fue a trabajar a la Dehesa. Según decían, este hombre padecía muchos del estómago y a consecuencia de esto se colgó en un rincón en el rincón de la falda, junto al Espinar.

El caso siguiente ocurrió después de la guerra, aunque no recuerdo el año (del 43 al 45); fue el de Manuel Gil Pérez. Sin saber el porqué, un día echó a correr dejando unas letras escritas con lo que iba a hacer. En cuanto las vio su madre avisó a la gente, que echó a correr por ver si lo podían coger, pero no se pudo encontrar. Se dijo que a los dos días lo habían visto por las Corralizas. A los tres días fuimos Juan Martínez "el Juanacas" y yo a ver si podíamos dar con él, pero nada; a los dos días apareció colgado debajo de Sierra Alta, en el término de Noguera.

El siguiente caso, en 1940 (?), fue el de Manuel Dobón Alonso, que era novio de la Francisca Barquero. Una noche, él estuvo con ella en el baile; al terminar, se fue con ella a su casa y creo -según decían- que él le metió un papel en el bolsillo diciéndole lo que iba a hacer. Parece ser que unos días antes le había pedido un ramal a Alejandro Juan Dobón, por eso se supo que ya lo llevaba pensado con antelación. Así que dejó a su novia y se fue al monte. Al día siguiente, todo el pueblo fue a buscarlo, pero no lo encontraron; ya se puede imaginar el disgusto de sus padres al no poderlo encontrar. Se encontró a los 23 días en el término de Noguera por suerte, debido a la gran cosecha de hongos que hubo ese año. Como en esos días se recorre todo, pues dio con él Isidro, no sé si el "Carlinches" o el "Chotero". Enseguida fuimos a parar allí Manuel "el Soreja" y yo. Luego empozó a venir gente, la Guardia Civil, el juez de Noguera. Daba miedo verlo, todo lleno de gusanos. Lo sujetaba la ropa del traje. Había quien no podía acercarse del miedo que daba mirarlo: de los ojos y de la boca le bajaban chorros de gusanos hasta el suelo. A mí me tocó cortar la cuerda. Recuerdo la cara de Daniel, el cabo de la Guardia Civil, cuan se le quedó mirándole para el justificante que tenían que hacer. Los chavales que trajo el juez de Noguera se quedaron a más de doscientos metros del cadáver. Yo y otro hicimos unas parigüelas y así lo bajamos hasta Cañada de las Ceicas; allí ya se hizo cargo de él el juez.

Yo, que ahora voy casi todos los años por allí, veo que aún está la cruz, aunque casi no se nota nada.

Ese mismo año, como había muchos hongos y la gente se mete por todo, se juntó la Pilar Soriano "la Cachorra", con unas de Noguera y éstas le dijeron: "Nos vais a joder los de Bronchales, todos se vienen a ahorcarse a lo de Noguera, y ya sabéis que hay muchos gastos". La Pilar les contestó: "Ahora podéis venir los de Noguera a lo de Bronchales, que os pagaremos con mucho gusto".

Años después se ahorcó Antonio Lorente Vicente, el hermano de mosén Francisco, que fue a colgarse debajo del corral de Silvestre, en el mismo Mojón de Noguera, pero dentro ya de Noguera. Lo trajeron a enterrar a Bronchales porque era hermano del cura.

Después de bajarme yo a Villarreal se ahorcó Lucio García "el Mingorrón". Éste se colgó debajo del Corral de Franco, hacia la Cueva Leona. Después se ahorcó en su misma casa, en la paidera, Román Alonso Pérez "el Capalana".

El año que acabó la guerra, al venir de la zona roja, Manuel Torrecilla "el Maceo", fue a parar a casa de su hermana Luisa "la Luiseta" y creo que se colgó en la misma cama que dormía.

Contaré ahora lo que pasó en el mes de noviembre de 1929. Bajaron a Santa Eulalia el tío Florencio Pérez Hervás "el Juanico" y su cuñado Julián Sáez Gil. Cuando volvían, al llegar a la dehesa de la Jara se les espantaron los mulos. El tío Florencio se ve que se tiró a coger el macho de varas y la vara del carro le dio un golpe muy fuerte en el costado, de tal forma que murió. A los mulos los encontraron al día siguiente en el prado del Río de la Navalba. Su mujer, la tía Balbina Pérez Juan, estaba en cinta y creo que en el mes de febrero nació Florencio Pérez Pérez "el Pelotas". ¡Ya veis qué cuadro se quedaba en casa!

Casos como estos se veían entonces muchos: morían unos u otras y quedaban viudos o viudas con varios muchachos, todos pequeños.

Después de la guerra ocurrió otro caso parecido. Bajaron a por vino a Villafranca el tío Francisco Hervás González "el Paquillo", el tío Lucio, su hermano, "el Cantinero" y el tío Ignacio Dobón Pérez. Al pasar por Santa Eulalia se les espantaron los mulos. El tío Ignacio, lo mismo que le tío Florencio, se tiró a coger el mulo de varas y el golpe de la vara lo mató. Esto sería el año 1940.

Se me olvidó decir que hubo una alcaldesa en Bronchales, allá por el año 1933, hasta que entró Agustín Marqués. Esta mujer era maestra; se llamaba Doña Asunción de los Ríos. Decían que era muy socialista. Fue la primera vez que yo sentí este nombre al hablar de esta mujer.

Ahora contaré el asunto del Carrascal. Estas lomas, que hoy son de Bronchales, yo las conocí como del tío José Garrido, de Monterde. El Ayuntamiento, durante el verano, le dejaba entrar algo por las Atalayas y dar agua por la Canaleja. Durante el invierno y hasta la primavera, éste dejaba entrar las cabras y los ganados, cuando él venía de Murcia. Seguramente que el Ayuntamiento vendió este Carrascal por algún apuro que tuvo, sin que se sepa cuándo ocurrió esto. Lo mismo ocurrió con la Jara. Este terreno lo compró Felipe Segura "el Chamela", de Monterde, después de la guerra. Intentó hacer un pozo -aún se ve dónde-, e intentó sacar agua, pero no sacó, y entonces lo puso en venta. Bajó una comisión del pueblo para comprarlo, pero yo no sé qué pasó que se metió por medio el tío Marcelino Soriano, el de Colinas, y se lo quedó. El pueblo llevó esto muy a mal, pues el pueblo tenía unos derechos muy grandes sobre él; fueron a juicio a Madrid y le tocó perder al tío Marcelino. Tuvo unos disgustos muy grandes, tanto que le costó hasta la vida. El pueblo también se gastaría en esto muchas perras. Luego, al morir el tío Marcelino, los hijos lo vendieron enseguida, creo que por 55.000 pesetas. Hoy creo que aún vale menos. Creo que los que vendieron pueden estar contentos, pues hoy no lo hubiera comprado nadie.

La Jara sí que es una cosa buena para el pueblo. Creo que es lo mejor que se ha hecho en el pueblo desde que yo me marché. Antes había una tejería, en el Pozo el Alto, a orillas de los Santos de la Piedra. Antes también se sacaba algo de yeso, en las suertes. A los inviernos solíamos hacer caleras. Cuando hicimos el Hotel Suiza, sería hacia el año 50, la cal que se gastó la hicimos en el Camino del Horcajo entre Manuel García Sáez, Julián Dobón Hervás, Víctor Herránz Juan, Félix Monzó Berjes, Blas Pérez Sáez y yo, Román Molada Martínez. Nos salió muy bien. Salimos a 30 pesetas cada uno de los días que trabajamos, que entonces estaba muy bien.

Un día, siendo yo muy pequeño todavía, el tío Manuel González "el Zurdo", fue y cortó los purgones del pino de las Almas, que todavía pueden verse las señales. Esto que hizo era poco menos que un crimen en aquellos tiempos, alrededor del año 1922 ó 23. No lo castigaron, pero el alcalde, el tío Paco "el Pepeherraz", un día de los que se hacen hogueras en el pueblo, dijo a los muchachos que le cogieran la leña que tenía en la puerta de la calle y la quemaran. Según decían, este hombre también cortó un árbol que había en la fuente del Manzano, que era un manzano y por eso llevaba el nombre la fuente. Se ve que tenía un genio fatal.

A propósito de esto, recuerdo una riña que hubo en casa del tío Bernabé "el Cachules", que tuvo un cantinucho un poco de tiempo, y aquí riñeron el tío Juan Vicente Franco, el Rubio, y un forastero que estaba haciendo fideos; éste le pinchó toda la cara.

LOS LOBOS Y ZORRAS

Contaré también algo sobre los últimos lobos que hubo en Bronchales. Según me contó mi madre, el último que se vio fue en la Garganta. Contaban que se comió un potro. También me contó el tío Daniel "el Soreja" que cuando era pequeño e iba de pastor, le salió un lobo joven por encima de la Peña del Molino y le cogió un cabrito. Él echó a correr con las ovejas hacia el pueblo.

También me contaron que al tío Faustino Alonso "el Ronquillo" le salió un lobo yendo por la Cruz de las Almas y le quiso coger una oveja, pero él, a palos, se la hizo soltar. El lobo se fue, pero empezó a aullar y acudieron varios más y -según cuentan- le hicieron una estroza en el ganado.

Félix Monzón me contó Berjes lo que a su vez había oído de sus abuelos: que en la piedra que hay encima del camino de Collado del Sestero de las Vacas con la Hoya de Pedro Navarro, mataron un toro entre cuatro o cinco lobos. También me contaron que la familia del tío Mariano Pérez, como era de Guadalaviar, al bajar al pueblo, los lobos se les acercaban a los mulos y tenían que dejar detrás del último mulo una soga arrastrando y los lobos, al ver esto, ya no se acercaban.

Zorras siempre ha habido muchas en el término de Bronchales. Yo he visto comerse varias ovejas.

LAS PRIMERAS ESCUELAS

Las escuelas que había antes, ya he dicho algo de ellas con más arriba. Estaban en la plaza. En la planta baja estaba la de los chiquillos y las chicas la tenían en el piso de arriba, más las dos casas para los maestros; estas casas las vendió el Ayuntamiento en el año 1932 y se las quedó mi hermano Pedro José y mi cuñado Teodoro.

LA GRAN NEVADA

Contaré cómo fue la gran nevada, aunque más que por la cantidad de nieve, lo extraordinario fue por el tiempo en que ocurrió. Fue el día 19 de julio de 1932. Si hubiera cuajado toda la que cayó, podría haber llegado a dos metros. De todas formas, casi llegó a un metro. Los trigos, que ya estaban casi para segar quedaron todos tumbados y bien tumbados, de tal forma que luego, al segarlos, los teníamos que sacar con la punta de la corbella. Había ese año una buena cosecha. Apedreó por Valiampla, pero como siguió lloviendo, la avenas retoñaron y aún se pudo volver a segar alguna por San Miguel.

De esta nevada hay un recuerdo en el Ayuntamiento; allí están las fotos. Tuvieron que bajar las vacas al pueblo, pues en el monte no había comida.

LOS PRIMEROS AVIONES

El primer avión que pasó por Bronchales fue en el otoño de 1929. El año 30, en el mes de mayo, vinieron cuatro por la parte de Guadalajara; uno de ellos tuvo que aterrizar debajo de la carretera, en la finca de Manuel Saz Barquero "el Chavillo", pues se ve que se le había roto algo. Los otros, al ver esto, aterrizaron también: dos en el Paso del Campo, encima de la carretera, y el otro en el majadal de la paidera del Campo de Orihuela. Estos tres se marcharon por la tarde; el otro, lo desarmaron y se lo llevaron por carretera. Los chiquillos de Orihuela, Motos y los de Bronchales se les escaparon a los maestros de las escuela para ir a ver los aviones. Lo mismo hicimos los pastores. Yo estaba en la Mina del tío Pitorro, cogí las ovejas corriendo y me fue al Campo. Todo el día estuvimos allí hasta que se marcharon los tres.

Luego hubo unas avionetas que vinieron a sulfatar el monte, pues hubo una epidemia muy grande que afectó a miles de pinos. Esto sería por el año 50 ó 55.

LA GUERRA

Ahora contaré cómo empezó a venir la guerra. La república vino el 14 de abril de 1931. Recuerdo que todo el pueblo estaba muy contento. Creímos que nos había caído la lotería. La mayoría quería la república; nos decían que nos iban a quitar muchos impuestos, que iban a quitar la Guardia Civil y el clero.

En Bronchales, D. Manuel Palmeriro, el médico, formó el sindicato de la UGT. Apuntó a la mayor parte del pueblo y él se hizo presidente. Recuerdo el discurso que echó su hijo Osvaldo, que era un talento. Fue una lástima que muriera.

Todo fue muy bien hasta que vinieron tres o cuatro de Sagunto, como Cecilio Monzón Berjes, comunista perdido, y Octavio Lapuente Dobón, igual. De las minas de Ojos Negros subió Alejos Juan Jarque "Alejitos". Entre unos y otros empezaron a remover las cosas con el comunismo y D. Manuel Palmeiro, al ver cómo se ponía la cosa, se borró del sindicato y con él muchos de los vecinos del pueblo. Así que al final del año 32 ya estaba el pueblo dividido en dos partidos. Empezaron las elecciones tanto para los Ayuntamiento como para los Diputados a Cortes y empezó también el lío y las trincas. La unión que antes había en el pueblo, se acabó.

Para el 34, ganaron las derechas. Entró Agustín Marqués Pérez de alcalde, que valía más que ninguno, pues sabía más que nadie.

Hasta el año 1936 no pasó nada de importancia; pero ese año, antes de las elecciones, ya empezaron los de las izquierdas a amenazar, y mucho, que si ganaban, nos iban a quitar todo lo que teníamos. Yo, entonces, estaba con el ganado en la provincia de Alicante y allí aún estaba la cosa peor que en Bronchales.

Ese año, durante los carnavales, hicieron una comparsa y fue la última vez que el pueblo estuvo unido. La hizo sacó el tío Paco "el Pepeherraz", que luego, en la guerra, casi le costó la vida, como ya dije antes. Las dos primeras canciones eran a favor de las derechas y las otras dos a favor de las izquierdas. Una de las primeras decía así:

Cuando se formó la España,

según los escritos cantan,

que todos somos hermanos

y nuestra madre es la Patria.

 

La de la izquierda decía así:

Si nuestra madre es la Patria,

qué mal nos hizo las partes,

que vosotros estáis hartos

y nosotros nos morimos de hambre.

 

Salió nombrado en las elecciones Atanasio Pérez Domínguez, buen alcalde, pero dejó a los suyos que hicieran lo que quisieran, como se verá después, y así se estropeó la cosa.

Yo vine en el mes de abril de Murcia y ya encontré el pueblo en muy mala forma. Por todos los sitios sentías que iba a venir el comunismo, tenían propagando de Rusia a manta; en mayo y junio hicieron manifestaciones por el pueblo y ya no llevaban la bandera de España, llevaban la bandera de Rusia, la roja con la hoz y el martillo, ni decían "¡Viva España!"; decían "¡Viva Rusia!", y llevaban un voto de vino. En el mes de junio se borraron muchos de la UGT y se alistaron en la CNT, de socialistas ya no tenían nada. De los pueblos de alrededor, como Orihuela, Motos, Monterde, Noguera, venían a Bronchales a pedir información de lo que tenían que hacer.

En mayo rozaron el Terminillo, que era un trozo de tierra que había entre la Casa de los Cabilas y el Balsete. En esto sí que los alabo porque era una tierra perdida desde siempre, y era muy buena. Pertenecía a Albarracín. También roturaron el prado de Nabellida, dentro de la sierra, que ahora tiene una gran pinochada. Después bajaron a la Jara y despacharon a los renteros que estaban labrando, bajando ellos varios días a labrar.

Un día fueron dos, Marcos Hervás López y Dionisio Aroca "el Papín" al Endrinal y estaba labrando Florentín, de Monterde. La masada era del tío Felipe Segura "el Chamela2. A Florentín le amenazaron con una pistola.

En el baile era imposible estar. Se hacía en casa del tío Juan Manuel. Las paredes estaban llenas de letreros de "Viva el comunismo" y así, y nosotros comenzamos a poner otros de "Viva la Falange". Esto tenía que explotar, y así pasó. Un día, sin decir ni hacer nada, el dichoso Daniel Martínez Soriano "el Frutos" cogió una botella vacía, la tiró en medio del personal ( habría alrededor de unas 120 personas) y le dio a la Pilar Soriano Juan en la rodilla. Allí se armó la gorda: todos se liaron a puñetazo limpio, las chicas todas a la calle llorando... No hubo heridos de consideración. Luego vino el alcalde y su camarilla y no hicieron nada.

El juez, que no lo habían cambiado, seguía siendo el de antes de las elecciones, y era de derechas, el tío Marcelino Dobón Barquero "el Perito". Como tenía que salir el juicio contra Daniel, un día, todos los del centro, tanto mujeres que hombres -y hasta los chiquillos- acudieron a la calle del Ayuntamiento; el alcalde hizo llamar al juez por medio del alguacil para que acudiera al Ayuntamiento. No sé qué le dirían, pero lo cierto es que le amenazaron para que presentara la dimisión. Las mujeres, desde abajo, voceaban diciendo que lo echaran por el balcón, que ellas lo apararían con el delantal. Éstas fueron Pilar Soriano Gómez y la Josefa Vicente, y otras que no me acuerdo. El juicio no llegó salir por venir la guerra.

Esa primavera empezaron a trabajar en la carretera de las Fuentecillas. Yo fui unos días a trabajar en el mes de julio. Al comer, no se hablaba de otra cosa que de comunismo; sería hacia el día 12 cuando el tío Maximiano Pérez Asensio "el Periches" me dijo: "Dicen que se han sublevado dos regimientos en Zaragoza". Esto lo digo para se vea que la guerra estaba ya liada.

Antes de sublevarse el ejército, el día 13, como sabemos, mataron a Calvo Sotelo.

No sé cierto el día ni los soldados que llevó el comandante Aguado, pero sé que con muy pocas fuerza se apoderó del mando en Teruel. Enseguida vino la Guardia Civil por los pueblos y cambió los Ayuntamientos. En Orihuela, el alcalde se había ido a la siega y quedó el teniente alcalde, que creo se llamaba Raimundo. Éste no quiso entregar la vara. Echó a correr, saliendo detrás de él la Guardia Civil y con ellos Agustín Espinosa y, aunque le dispararon algún tiro, huyó hacia Guadalajara, que estaba por el Gobierno. A los dos o tres días se presentaron un bandada de rojos en un camión, que dejaron encima del pueblo. Bajaron a casa de los Espinosas, se liaron a tiros y cogieron prisionero al tío Agustín. El otro hermano se vino a Bronchales a dar parte de lo que pasaba.

Ese día pasó un caso grande. Cuando los milicianos estaba en Orihuela, bajaba la Guardia Civil de detener al médico de Villar del Cobo, que creo mataron en el término de Orihuela. Al ver lo que pasaba, los guardias se liaron a tiros con los milicianos, pero se les acabó la munición y tuvieron que volverse por Noguera.

A Agustín Espinosa se lo llevaron a Molina de Aragón y lo metieron en la cárcel. A los dos días entró la Guardia Civil en Molina y salvaron al Espinosa de una muerte segura. Al Raimundo, como no había matado a nadie, al acabar la guerra, lo vi en Orihuela y nadie le hizo nada.

En Bronchales, los de izquierdas se quedaron como pasmados, pero les duró poco. A los cuatro o seis días se juntaron por la tarde Atanasio, Juan "el Cli", Alejos "el Alejitos", Aurelio, Félix "el Cachuca" y sus hermanos Isidro y Jacinto, llamaron al alcalde, Agustín, al Ayuntamiento para que entregara la vara. Él les dijo que se la entregaba pero que tenían que salir responsables de todo lo que pasara. Ninguno de ellos quiso hacerse cargo de la vara. Pero lo más majo que ocurrió ese día es que Jacinto "el Catorceno" era guardia de la siembra y llevaba la carabina, quedándose de guardia en la puerta del Ayuntamiento. Al enterarse don Rafael Bea que tenían acorralado en el Ayuntamiento a su yerno, quiso ir a poner paz, pero mi buen "Catorce", con todo lo que don Rafael había sido su maestro y a quien se respetaba tanto en el pueblo, no lo quiso dejar subir.

La cosa no pasó de aquí; Agustín se portó como un hombre; no quiso dar parte en Teruel, pues los hubieran fusilado si llega dado cuenta.

Al final de julio empezaron a pedir quintas. Los que izquierdas tenían que entregarse, pero en vez de irse a Cuenca, donde estaba el Gobierno, se fueron por Guadalaviar a la Vega Tajo, donde estuvieron con un forestal al que llamaban el "tío Alpargatas", que había estado de forestal en Bronchales. Éste les aconsejó que se volvieran y se entregaran donde estaban sus familias; y así lo hicieron. Al tío Alpargatas esto le costó la vida, cuando entraron allí los rojos. Los de Bronchales, desde allí, sin volver por el pueblo, fueron a entregarse a Zaragoza. Dionisio fue el único que se fue a Cuenca. Los demás eran Amalio Martínez, Anastasio Lahuerta, Sergio Herranz, José Fernández, Antonio Soriano y Agustín Aspas; éste se pasó después a la zona roja.; los demás estuvieron en la nacional toda la guerra.

Los días pasaban en Bronchales y nadie se metía con nadie. Llegaron a juntarse el alcalde, Agustín, con el saliente, Atanasio y quedaron que, viniera el que viniera (si venían los nacionales saldría Agustín y si venían los rojos saldría Atanasio) todo iría bien. Pero un día la tía Casimira armó la gorda, pues hizo creer a los suyos que al otro día iban a subir los falangistas a detener a todos y esa noche su fueron muchos a Cuenca, otros se subieron a esconderse en el monte... Mi cuñado Teodoro

Hervás, como sabía que todo esto era una mentira, cogió a la tía Casimira y la puso verde porque hizo mucho mal en el pueblo. Desde ese día todo empezó a ir mal.

Los primeros que se afiliaron a la Falange fueron Teodoro Palmeiro y Porfirio Pérez.

En los días del final de septiembre se supo que por la Sierra de Albarracín venía una columna roja cogiendo los pueblos de esta sierra, y que venían causando muchas muertes en todo los pueblos. Como en Teruel había entonces muy poquicas fuerzas, esto no lo podían solucionar, y los rojos siguieron cogiendo pueblos. Esta gente, según he sabido después, eran andaluces descontrolados. Creo que era la columna del Rosal, que tanto mal hizo por donde pasó.

Ya en octubre se bajaron a la Falange en Santa Eulalia, que había cuartel de enganche, Teodoro Hervás Pérez, Conrado Barquero Ramos "el Abanero", también se bajaron Agustín Jarque Soriano "el Cachorro" y su Mujer, Fernanda, ésta de cocinera. Estando allí dio a luz a su primer hijo y le pusieron por nombre José Antonio. También se bajaron los hermanos Juan y Ruperto Lahuerta González, Blas Ramos Hervás "el Herrero", Pedro Hervás Clavero "el Paquillo", los hermanos Mariano y Manuel Sanz Juan "los Cabilas", León Monzón Hervás "el Tuerto", Manuel Pérez Monzón, Abundio Hervás Jarque, y los chavales, como flechas, Adolfo, Ezequiel, Fernando, aunque quizás se me olvide alguno.

Teodoro Pérez se estaba preparando para carabinero. Un día de agosto vino otro de el Pobo, que también se estaba preparando para carabinero, a preguntarle si quería entregarse con el Gobierno. Mi cuñado no quiso. A los dos o tres meses de estar en la Falange ingresó ya en carabineros.

Un día vinieron Agustín Marqués y Luis Julián Gil, éste de Ródenas, y se marcharon con ellos varios del pueblo. Yo no lo hice porque ese día estaba de pastor. Se los llevaron a Teruel voluntarios y formaron las guerrillas de comandante Aguado. Con esto iban Francisco Alonso Asensio, Manuel Alonso Lahuerta "el Chato", Cristóbal Lahuerta Chabarrías -que fue el primero en morir en los nacionales-, Pedro Pérez López "el Vidal", Francisco Dobón Aula, Ricardo Sáez Gil, Florencio Alonso Lahuerta "el Capalana", Antonio Lorente Vicente, José García Aparicio -éste se fue a la falange- y Valentín Dobón Pérez. Todos estos se pasaron después a la Falange.

En el pueblo se ponía la cosa muy mal. Los rojos seguían tomando pueblos. Un día trajeron detenidos a Bronchales a tres de Ródenas y al bajar por la carretera, los fusilaron en el cañadizo de la Sima. El jefe de la Falange que había en Santa Eulalia era un tío idiota. Antes había estado apuntado en la FAI, según decían, y por miedo se hizo falangista, junto con algunos otros de Santa Eulalia. Esta gente hacía mucho mal en los pueblos.

Los rojos entraron ya en Torres y en Noguera. Algunos huyeron del pueblo. Esto era un cuadro muy feo, más sabiendo que los andaluces venían fusilando por todos los pueblos. Un día la tía Encarnación "la Robira" se fue a esperar a los rojos hasta el Corral de Silvestre. Al llegar allí vio que había un ganado de ovejas y que estaban saltando por las paredes. Ella se vino al pueblo y lo dijo. Entonces se enteró Pepe "el Pantalias" y Ramón "el Cachorrete", se fueron corriendo, pero el ganado ya estaba en el Navazo. Lo recogieron aprisa y lo trajeron a Bronchales. Parece ser que al pastor lo tenían los rojos en Noguera ya varios días y el ganado estaba sin salir, por eso blincaron el corral. Al día siguiente, el amo de este ganado, que era el alcalde de Noguera, lo cogieron preso los rojos. Era uno de los hermanos Morenos, aunque no sé su nombre. Él y el hijo del tío Miguel "el Correo" se escaparon de donde los tenían presos y se libraron de la muerte cierta, porque en Noguera mataron a cinco o seis. Los huidos fueron a parar a Orihuela; allí se enteró este hombre de que el ganado se lo habían salvado los de Bronchales.

En esos días la gente pensó que había que abandonar el pueblo. Varios vecinos ya teníamos las vacas en la Isilla por miedo a que se las llevaran, como así fue. Los rojos no habían entrado a Bronchales todavía, pero se esperaba que entraran. Una tarde se llevaron todas las vacas que había, menos las que estaban en el Rincón de la Maleza. Las cabras, que estaban bajando a la Garganta al ponerse el sol, y que iba de cabrero el tío Esteban Hernández Molada, las hicieron volver atrás, pero éste, ya oscurecido, se les escapó por la Peña del Molino. Las cabras se subieron hasta Villa Rosario, ya de noche, y se tumbaron, pues las cabras de noche no andan, así que las dejaron allí. Pero como las cabras tenían los cabritos en el pueblo, empezaron a mover derecho al pueblo y, al final, todas se vinieron al pueblo y se salvaron.

Al otro día vinieron los falangistas y al enterarse de lo que había pasado, quisieron que les dieran los cabritos a ellos y se llevaron algunos, pero en esto fue Pepe "el Pantalias" allí y al ver lo que hacían, les plantó cara. Ellos cogieron algunos cabritos y se fueron. Mi madre había llevado uno y, al volver a recogerlo, cogió otro que no era el suyo. Esa noche lo mató y nos lo comimos nosotros.

Ya teníamos todos el ganado, las vacas y las cabras debajo del pueblo. Dormíamos muchas personas por la masada del Rayo y la Mogorrita. No sé qué día sería cuando la gente empezó ya a marcharse de verdad. Sería a final de octubre. Unos se iban a Pozondón, otros a Santa Eulalia, a Alba, a Torremocha a Villarquemado, a Ródenas o a Peracense. Los pueblos del río estaban abarrotados de gente, pues de la otra parte, de Alfambra, también huían como nosotros.

En esos días los falangistas detuvieron a Baldomero Barquero González "el Cañaquino" y a su mujer, Pilar Soriano Gómez. No le hicieron nada, pues era casi la mejor persona del pueblo y todos los que había en la Falange salieron a favor de él; pero le hacían subir a Bronchales para que les llevara las noticias que hubiera. Al final le dejaron libre y se subió a Pozondón. Pero un día se subió a Bronchales y se fue a la zona roja, se alistó en el ejército y lo llevaron al frente de Madrid. Murió enseguida. Si se hubiera estado en Pozondón hubiera salvado la vida.

También se bajó el tío Paco "el Pepeherraz". Lo bajaron a Teruel, creo que fue uno de los señoritos de Ródenas, cuya madre era de Bronchales. Tenía con el a su tío Mariano "el Marianazo" y cogió a su sobrino y le dijo "si no tenía vergüenza de detener a un hombre que años antes, cuando era alcalde, le había dado muchos votos a su padre", don Joaquín Julián, que creo que fue Diputado allá por el año veinticinco. Esto fue lo que salvó al tío Paco del fusilamiento, todo esto por haber sacado la comparsa, como ya he explicado anteriormente.

Los falangistas de Santa Eulalia se bajaron al tío Pedro Pérez "el Adán" y lo fusilaron no se sabe dónde ni si alguno del pueblo tuvo algo que ver. En esos días ya quedaban muy pocos vecinos en el pueblo, ni de los unos ni de los otros. El primer ojo que entró en el pueblo, entró solo, cogió al tío Teodoro "el Gatogoloso" , lo metió en el váter y entonces abusó de su mujer, la tía María y le pegó unas purgaciones. Luego engañó a la tía Paula Gómez diciéndole que su hijo Rafael le había encargado que se llevara a su hermana Isabel, y la tía Paula, ignorante, les aparejó la burra y la Isabel se marchó con este fulano a la zona roja. No sé dónde la llevaría. Sé que su hermano Rafael no le había dicho nada.

Yo entré en una ocasión con el carro a mediodía en el pueblo. No había nadie, así que cargamos el carro a toda prisa sin pasar nada. A los pocos días entraron los rojos. A los viejos y gente ignorante que quedaba en el pueblo se los llevaron a Tramacastilla. Al tío Juan Navarro Sáez lo fusilaron; también fusilaron a Cirilo Dobón Pérez "el Soreja". Al tío Celestino, como era tan buena persona, se libró, lo mismo que Bernardino Hervás Alonso. Un día cogieron a dos de los que subíamos a bajarnos cosas de la casa, como trigo o patatas. Al tío Segundo Hervás González "el Bizco" lo mataron.

Otro día, los rojos bajaron a la masada el Rayo a por la familia del tío Víctor Barquero "el Polito". Ese día entró Gregorio Pérez Lapuente "el Moro" y la tía Paula le dijo que se fuera corriendo, que estaban los rojos, pero al bajarse por la Isilla se tropezó con ellos, se lo llevaron y lo fusilaron en Tramacastilla, junto con otros. Este Gregorio llevaba con él a su hijo Pascual, que se lo llevaron a Cuenca. Creo que se portaron bien con él; hasta creo que le hicieron una operación en sus partes, pues le hacía falta de antes. Ha estado de sacerdote en Villarquemado.

Así que subir al pueblo era muy peligroso, se jugaba uno la vida. Los rojos seguían en Noguera y a Bronchales subían cuando querían. Del pueblo se destacaron Nazario Monzón y Eugenio Gil Hernández "el Caberete"; estos hicieron algo el indio. Un día Nazario entró en casa del tío Rafael Soriano y estaba allí su hermano, el tío Marcelino. Nazario, al verlo, se lo quiso llevar y si no es por Carmelo Martínez "el Frutos", que iba con él, así hubiera sido. Ya se sabía que si se lo hubiera llevado lo hubieran fusilado. Todo esto, al final de la guerra, a Nazario le perjudicó mucho, pues todos los rojos le echaron las culpas de las muertes que hubo y a él le costó la vida. Fue el único que fusilaron después de la guerra.

Un día, los que estábamos huidos, pensamos subir al pueblo de noche y creo que nos juntaríamos unos cincuenta entre todos desde Pozondón.. Subimos dos carros, el mío y el de Pepe, el de la tía Escolástica. Dejamos los carros en el Empalme y nos adelantamos cuatro del grupo hacia el pueblo para asegurarnos de si estaban o no los rojos. Subimos en primer lugar el tío Paulino "el Sacristán", Pedro Antón Barquero "el Poleto", Domingo Pérez Pérez "el Cabezahierro" y yo, Román Molada Martínez. Nos subimos por la Fuente del Hierro y por las sombras que hacían las piedras de Santa Bárbara subimos hasta la ermita. Una vez allí, el tío Paulino y Pedro Antonio se fueron por la calle de arriba a sus casas y Domingo y yo nos bajamos por San Antonio a mi casa, frente al Ayuntamiento. Al asomar, veo luz en mi casa y lo primero que me viene a la cabeza es que estaban allí los rojos. Como nunca he conocido el miedo, bajé a ver quién estaba allí; miré por la cerradura y vi que quienes estaban allí eran algunos vecinos de los que quedaban todavía en el pueblo. Se iban a mi casa a pasar allí la trasnochada, jugando a las cartas y asando patatas. Allí estaba la tía Serafina Barquero, a la que como vecina le habíamos dejado la llave; estaba también el tío Celedonio Domingo "el Carlinches" y su mujer, Rafaela "la Aringa", el tío Benito Marco "el Piuques" y su mujer, la tía Isabel "la Chata".

Cuando vimos que no estaban los rojos, todos nos dedicamos a cargar los mulos y salimos hacia el Empalme. Dimos un viaje hasta el carro, que dejamos en el Empalme, con los mulos cargados. Al subir de nuevo por el Pasillo mi hermano Pepe y yo, oímos de pronto un tiro en el pueblo. Yo le dije a mi hermano: "A mí no me cogen". Yo iba a caballo en un mulo, de noche y en mi tierra. Pero en esto vemos un hombre correr y blincar las paredes de las Cerradas derecho a nosotros. Al acercarse, vimos que era Juan Martínez Monzón "el Juanacas", que estaba en su casa y al sentir el tiro salió corriendo, blincó las paredes de la Hoya y salió huyendo. Mientras esperábamos a ver qué pasaba llegó el tío Paulino a quien había ayudado a cargar la tía Manuela "la Tea", que se bajó con él hasta la casa de la tía Cirila y, al despedirse, el tío Paulino intentó besarla y se le disparó la escopeta que llevaba. Esto fue todo.

Nosotros ya no volvimos a subir más al pueblo. No recuerdo en qué mes los rojos se instalaron ya fijos en el pueblo, pero debió ser en marzo o abril del año 37. Estos un día bajaron hacia la Jara o el Coscojar -no recuerdo exactamente dónde-, pero ese día cogieron por esas lomas al tío Faustino García "el Faustinete" y lo mataron allí mismo. Laureano Pérez Dobón "el Perdigón" se salvó corriendo. Un día quisieron tomar Pozondón, pero les salió la cosa muy mal. Resulta que ese día dio la casualidad que había en Pozondón unos quince soldados de caballería y, al asomar los rojos por las lomas que hay bajando a la derecha, los soldados salieron corriendo en dirección a Ródenas, torcieron a la derecha al pasar el cementerio para hacerles el copo, y así pudieron coger a dos prisioneros. Los bajaron a Pozondón y con uno de ellos se ve que se portaron bien, pero al otro, que debía ser un jefecillo, parece que le fue bastante mal. Los rojos ya no volvieron a bajar más por estos lugares.

Como en estos momentos de la guerra no había ganado en Bronchales, abundaba la comida para el ganado, lo que hizo que algunos de ellos se picaran a meterse en Valiampla, entre ellos los de los tres hermanos "Perolas", que cerraban el ganado en el término de Motos. Una noche bajaron los rojos y se llevaron todo el ganado que había allí, en Bronchales, formaron una colectividad para el trabajo de la tierra, sembraron muchas patatas, segaron los pipirigallos y cogieron muchos yeros, que metieron en casa de don Rafael Bea. Cuando entraron los nacionales, creo que doña Victoria Se los quedó para ella. Mucha de la hierba que cogieron la metieron en la paidera de mi madre y la de mi padrastro, el tío "Capalana".

Tenían también comercio en comunidad, que parece ser que mangoneaban el tío Ramón "el Cabrito" y Manuel "el de la Molinera"..

Ya estaban preparados para echar a segar, pues sería del 6 al 10 de julio del año 37, cuando los rojos atacaron Albarracín y lo tomaron. Allí se encontraban todos los de Bronchales que habían estado en las guerrillas del comandante Aguado. Ellos se metieron en la catedral y allí estuvieron encerrados alrededor de siete días al verse cercados y sin comunicación con Teruel. Salieron voluntarios dos de Albarracín para comunicar a los nacionales lo que estaba pasando. Estos se llamaban Eugenio Herranz y Cristóbal Sáez. Cada uno salió por un sitio. A Cristóbal lo descubrieron y murió; Eugenio, en cambio, se libró bajando por el cauce del río Guadalaviar, y pudo llegar hasta donde estaba los nacionales. Este muchacho salió después con las fuerzas que contraatacaron y volvieron a conquistar Albarracín. Allí cayó herido. El general Varela quiso proponerlo para que le dieron la Laureada de San Fernando, pero él la rehusó diciendo que él sólo había cumplido con su deber.

A partir de este momento los nacionales lanzaron una ofensiva y fueron quitando a los rojos todos los pueblos de la Sierra de Albarracín, entre ellos Bronchales, al que tomaron del 13 al 22 de julio. Yo estaba en Belchite Hacía dos meses que me había entregado. Recibí una gran alegría al ver el periódico en el que venía la toma de Bronchales por los nacionales. A los de mi escuadra les compré dos botas de vino (para que lo celebraran). Yo, como era quintorro, tuve vergüenza de pedir permiso, pero solían dar un par de días a casi todo el que lo pedía para ir a Zaragoza. Y así me goberné yo para ver mi querido pueblo: pedí los dos días de permiso y, tomándome uno más, podía subir a Bronchales. Había uno de Orihuela conmigo, en mi escuadra. Le dije que viniera conmigo, pero no quiso. Ya no lo he vuelto a ver más, pues está en Francia.

Así que yo salí el 23 de agosto y aquella misma noche atacaron los rojos Belchite. Ya se sabe que a raíz de durísimo enfrentamiento el pueblo quedó deshecho. A todos los míos los cogieron prisioneros, pero en la zona roja yo tenía a mi hermano Ventura, que le pilló el movimiento cumpliendo la mili en Lérida, y mi hermano cogió a los de mi escuadra y, al sentir hablar de Orihuela, preguntó al cabo si había alguno de Bronchales; éste le dijo que uno y que estaba de permiso. Cuando le dijo el nombre, mi hermano le contestó: "Pero si ése que falta es mi hermano". El cabo de mi escuadra se pasó a los nacionales en el mes de enero del 38 y es el que me contó todo esto. Luego, en abril, se pasó mi hermano y pude comprobar estos mismo hechos que he contado hasta aquí.

Así que por querer yo tanto a mi pueblo me libre de caer prisionero, pues salí de Belchite el día 23, dormí en Alba y, al día siguiente, en Bronchales, donde sólo dormí una noche. Había aquel día muchas fuerzas, la mayor parte eran moros. Me enteré de todo lo que había pasado en el pueblo: la iglesia estaba toda rota, tiraron las campanas abajo y allí las rompieron, en el cementerio rompieron hasta las lápidas... Decían que los moros, al entrar en el pueblo, habían abusado de las mujeres y lo mismo hicieron con los hombres. También decían que habían fusilado a tres moros, aunque no se supo con certeza.

En casa de Carlos Martínez "el Molinero" tenían un chico pequeño, que era Marcial Martínez Aspas. Se ve que el niño empezó a llorar y le encendieron alguna luz. Al ver esta luz las fuerzas que estaban esperando en las posiciones de la Cabeza del Molino y, tomándola por una contraseña, estaban a punto de atacar, menos mal que los detuvieron enseguida. Creo que los del pueblo harían mucho en su favor, porque Carlos era de los destacados de las izquierdas, pero no le valió de nada; en la huida, lo fusilaron junto a la carretera de Villa Rosario.

La cosecha la recogieron bien toda,; para ello subieron algunas máquinas de Cella y segó todo, dejándose para el final las fincas de los que se habían ido a los rojos. El trigo se recogió en el salón del tío Juan Manuel y fue para la comandancia. Yo volví con permiso en el mes de octubre, y aún estaban trillando. Una noche, los pocos mozos que quedábamos cogimos dos sacos de trigo de éste y lo gastamos todo en galletas y anís. En la cuadrilla estaba Juan Pérez Sáez "el Juanico", Juan Pérez Dobón, Enrique Lahoz, Ramón Jarque González "el Cachorrete" y yo.

A partir de este momento trajeron al pueblo algún Guardia Civil y soldados de Orden Público, que eran de la quinta del 30 en adelante; después vino la Caballería y en el mes de diciembre del 37, cuando los ataques de Teruel, había fuerzas alemanas con armas antiaéreas. Según contaban, en el pueblo nunca habían comido tantas pastas y turrones como en las Navidades de ese año, todo dado por los alemanes.

En marzo volví a estar en el pueblo; otra vez las casa estaba llenas de caballos. De la zona roja venían de vez en cuando guerrilleros por toda esta sierra a poner petardos por las carreteras. Recuerdo que, por las noches, se sentían explotar.

En el mes de mayo fue cuando cogieron a mi hermano Pedro José y a Víctor Jarque "el Cachorro". Entre estos guerrilleros iban dos de Bronchales, Benito Marco López "el Piuques" y Daniel Martínez Soriano "el Frutos", que se portó muy mal con ellos. Los tuvieron todo el día escondidos en el Cerro la Laguna, y este Daniel todo el día estuvo jugueteando con la pistola. Ellos le pedían y le insistían que les dejara irse a casa. Por la noche se los llevaron hacia Cuenca, por los montes. Víctor, sin saber dónde estaba, se les escapó tirándose por un despeñadero abajo, que fue para haberse matado en el intento, pero no le pasó nada, aunque también se liaron a tiros con él, pero no le dieron. Al otro día se presentó en casa y así se supo todo lo que había pasado. A mi hermano se lo llevaron a Cuenca, desde allí lo llevaron a Ademúz. Creo que se portaron bien con él, pero sea lo que fuere, mi hermano murió por culpa de ellos, sin saber dónde. Ellos dijeron que intentó pasarse a los nacionales; entonces lo cogieron y lo fusilaron.

De Bronchales había varios guerrilleros, alguno de los cuales llegó a entrar en Zaragoza a casa del tío Martín "el Moro", que era un hombre de los de más valía en Bronchales. Ya dije antes que entes hombre se había ido a Zaragoza en el año 1936, antes de la guerra. Su hijo Manrique creo que fue muy destacado en el partido comunista y por éste entraron los guerrilleros en su casa. Al acabar la guerra detuvieron al tío Martín, pues alguno de Bronchales lo declaró, y a este hombre le costó la vida.

En Ojos Negros estaba Juan José "el Che" y se complicó también con los guerrilleros. Lo cogió la Policía y cantó todo. Él les prometió que si lo soltaban les daba su palabra de que cogerían a los guerrilleros en su casa, y así fue. Él dejó a los guerrilleros la contraseña donde siempre, diciéndoles que podían entrar. Entraron, cenaron y se fueron a la cama. Cuando ya estaban desnudos entró la Policía y los apresó. Eran Juan Alonso Monzón "el Cenizas" y Fulgencio Martínez Soriano "el Frutos". Se los llevaron a una cárcel provisional situada en una masada que hay bajando el Viso, a la derecha, en Santa Eulalia. Un día se escaparon y los volvieron a coger, pero no los fusilaron, sino que los metieron en los calabozos del Ayuntamiento. Todas estas cosas me las contó el mismo Fulgencio.

FIN DE LA GUERRA

Se acabó la guerra. Ahora venía el triste recuento de los muertos en cada parte.

Antes añadiré qué ocurrió en la toma de Teruel con los que había del pueblo y que cogieron prisioneros: Alejandro Juan Dobón, Valentín Dobón Pérez, Francisco Dobón Aula, Silvio Hervás Jarque, Ricardo Sáez Gil y su mujer, Emerenciana Soariano Juan, que dio a luz estando prisionera y nació Ricardo. Cogieron a los soldados Marcos Hernández González y a Lucio García Hernández, y a los paisanos como al tío Marcelino Dobón "el Perito, que había bajado con el tío Marcos "el Cachucha", con ganado, y les pillaron en Teruel.

En el otoño del 37 , en la provincia de Huesca, cogieron prisionero a mi cuñado Teodoro Hervás. Lo iban a fusilar a él y todos los que cogieron; los tenían ya contra la pared, pero, al final, se libraron. A mi cuñado lo llevaron a Valencia, junto con los que habían cogido en Teruel.

Contaré otra cosa que se me pasaba. En el otoño del año 36, antes de irnos del pueblo, en mi cada teníamos arrendados al tío Mariano "el Tanguillo", de Orihuela, y as u mujer, que era muy habladora; tanto, que llegó a oídos de la Falange de Santa Eulalia lo que decía y cierto día subieron a detenerla; la tía Paula Gómez, la vecina, la escondió en un baúl y no la encontraron. Por la noche mi madre se la llevó a dormir a mi casa, por esto quisieron subir los falangistas a detener a mi madre, cosa que no ocurrió por los que allí había de Bronchales.

Ese mismo día el tío Mariano tuvo que echar a correr, yo lo vi, derecho a Orihuela, todo por culpa de su mujer. También debía de saber que el Jefe de la Falange provincial era Manuel Pamplona Blasco, hijo del veterinario D. Clemente, que eran doce hermanos y -según decían- nacieron en Bronchales, porque siempre decían "mi pueblo".

Octavio Lapuente estaba casado con una Pamplona, la Mercedes, y este Octavio era muy comunista, pero al ver cómo se presentaba la guerra, se fue a Teruel al abrigo de los Pamplonas; no se bajó solo sino que también se bajó a su hermano Benito, que había sido de los más destacados comunistas en Bronchales. Éste pasó toda la guerra en Teruel y lo metieron en la Falange, y creo que no hizo nada, sino quedar mal con unos y con otros. El año 40 vino a las Fiestas del pueblo, pues se había ido a Barcelona porque, como falangista, lo habían enchufado en Correos, pero a las Fiestas, como digo, entró en el baile y no quiso pagar lo que estaba establecido, presumiendo de que era falangista; lo cogió Manuel Dobón "el Soreja" y lo echó a la calle. Ya no ha vuelto más por el pueblo.

De los de izquierdas que estaban con los nacionales cinco se pasaron a la zona roja: Paco "el Baboso", Agustín Aspas, Ladislao Monzón, Joaquín Barquero y Agustín Gómez. Estos dos últimos se pasaron por Orihuela, pues estaba allí su compañía; por pasarse estos, quisieron los jefes detener a Matías Dobón y Manuel González, que estaban en la misma compañía.

En Teruel también cogieron en la casa de los locos a Vicente González "el Caracol". A éste ya no lo ha podido ver más su familia; creo que murió por Guadalajara, donde se lo llevaron. También estaba allí la tía Paula Lapuente González, casada en Noguera, que la cogieron y se la llevaron hacia Segorbe y, mientras iba en el camión, no paró de gritar: "¡viva Franco!"; pero, claro, como estaba loca, no le hicieron nada. No sé cuánto estaría donde la llevaron (unos tres meses, creo) y se les escapó. A mitad de marzo, estando yo de permiso, se presentó en Bronchales curada del todo. En su huida, como no sabía dónde se encontraba, iba preguntando a la gente el camino de Valencia y cuando se lo indicaban, ella cogía la dirección contraria, y así llegó hasta el pueblo.

Ese día bajó a Noguera su sobrino, Pedro Antonio Barquero, a avisar a su tío Saturnino de que la tía Paula estaba en Bronchales, que se había escapado de los rojos y que estaba curada. Ya veis qué cuadro más majo fue éste.

Durante la guerra, como se sabe, los guerrilleros entraban de noche en Bronchales; al final se supo qué vecinos estaban complicados y desterraron an tres mujeres: Isabel Vicente Pérez, Manuela Alonso González Y Paula Soriano Torrecilla. Se las llevaron a la provincia de Zaragoza.

Algo se me habrá olvidado, pues hay tantas cosas que contar que es imposible acordarse de todo.

Contaré ahora los muertos que hubo en un lado y en otro. En la zona nacional: Cristóbal Lahuerta Chabarrías (murió en Teruel, en el hospital, donde le sorprendió un bombardeo en la misma puerta), Pedro Pérez López (iba con Francisco Dobón y se encontraron un morral y al ir Pedro a cogerlo, explotó la bomba que había dentro), Domingo Dobón Aula (murió en Villa Vieja y lo trajeron a enterrar a Villarreal), Pedro Hervás López (que murió en el frente de Guadalajara), Publio Palmeiro Abril (murió en la salido que hicieron algunos en Teruel cuando se vieron perdidos; en esta salida creo que iba también Clemente Pamplona, a quien recogieron herido; aunque a los Pamplonas no les hicieron nada al caer prisioneros, pues no habían participado en ninguna muerte y, además, eran como jefes de la Falange; aunque sí mataron al hermano canónigo, mosén Ventura, junto con el coronel Reyes y el obispo padre Polanco), Abundio Hervás Jarque (murió en los ataques a Teruel), Patricio Sáez (que estaba en el hospital), el tío Marcos Pérez Gómez "el Cachucha" (murió en la batalla de Teruel), mi hermano Pedro José (ya he explicado antes por culpa de quiénes murió), don Gaspar y su hijo Jaime (tenían una frutería a 10 metros de la Puerta del Carmen en Zaragoza, llegó la aviación roja, tiró una bomba y les cayó en la misma puerta; allí murieron los dos. Yo estaba ese día a unos quinientos metros de ellos), Urbano Gil Sáez y su hermano Pedro (los dos eran frailes y a los dos los mataron sin saber dónde), Pedro Lorente Vicente (otro fraile. No era hijo del pueblo pero vivía en Bronchales toda su familia), Joaquín Navarro, Cirilo Dobón Pérez, Segundo Hervás González y Gregorio Pérez Lapuente (los cuatro que fusilaron los rojos en Tramacastilla); en Monrroyo fusilaron los rojos al secretario, Sergio Monzón Montalar (a éste no llegué a conocerlo). Total, creo que fueron 18 los muertos en la zona nacional.

En la zona roja: Constancio Aula Hervás, Fausto Dobón Bazataqui, Eugenio Pérez Juan, Manuel Marco López, Baldomero Barquero González (estos creo que murieron en frente de Brunete), Santos Pérez Lahuerta, Lucio Monzón Hernández, Mariano (no sé el primer apellido) Marco "el Trucha", Francisco Domingo Pérez "el Baboso", Ladislao Monzón Hernández (estos, en los frentes), Nemesio López Domingo u su hijo (murieron por Sagunto, según creo, durante un bombardeo de la aviación), Carlos Martínez Hernández y su primo Fructuoso Martínez (fusilado por los rojos), Pedro Pérez "el Adán" (fusilado por los nacionales después de la guerra y a consecuencia de ésta), Nazario Dobón Barquero (éste fue quien pagó el pato por todos los que fusilaron Tramacastilla), Camilo Gómez González (desaparecido), y Nicolás Marco (muerto en zona roja).

En Francia, en la guerra mundial, Gayetano Barquero Pérez (llegó a escribir a su hermana desde Argelia y ya no se volvió a saber nada de él), Eusebio Martínez Pérez ( a quien vi en Cuenca al acabar la guerra, y murió en la cárcel por enfermedad o por hambre), el tío Manuel Torrecilla "el Maceo" (ya dije antes que se ahorcó). Cuando los maquis murieron Francisco Domingo Hervás y Jacinto Pérez Gil. Así que en la zona roja, por causa de la guerra, murieron 23, que, junto con los 18 de la zona nacional, suman 41, más Pedro José González Hervás (que murió en los años 50 al estallarle una bomba en la paidera de los José Juanes).

Esto es lo que ganó Bronchales con la guerra civil.

Yo, al acabar la guerra, fui a parar a Cuenca y lo primero que hice fue visitar a todos los vecinos de Bronchales que había allí, y ¡cuánto me he alegrado siempre! Una vez fui andando desde Cuenca a Bronchales, que habrá algo más de 100 kilómetros. ¡Ya es tener ganas de ir al pueblo! Esto era recién acabada la guerra. Entonces vi cómo metían en la cárcel a casi todos los de la zona roja que iban llegando. Yo esto lo llevé muy mal. Les ponían denuncia, que eran mentira, además de que vinieron sin nada. Nosotros, cuando nos fuimos del pueblo, nos llevamos casi todo; ellos, nada. Así que cuando vinieron tuvieron que pasar mucha hambre, además del hambre que pasaron en la zona roja, mientras que en la nacional había de todo abundantemente.

Yo me licencié a final del año 1939. Cuando fui al pueblo, no dejaban entrar en el baile a los mozos y mozas de la zona roja. Esto duró hasta las Fiestas del año 40. Yo estaba cabreado al ver que los rojos no podían entrar. El día de la Virgen de Agosto cogí a la Eulalia Domínguez Vicente y la metí al baile. Todos empezaron a mirarnos, pero nadie se atrevió a decirnos nada. Al ver esto, los demás que esperaban en la puerta, se metieron también al baile. Aquí se acabó todo; desde ese día se acabó el lío y volvimos a estar todos juntos.

Empezaron a salir algunos de la cárcel, algunos de los cuales ya no volvieron al pueblo, sino que se quedaron en Valencia, la mayor parte.

EL MAQUIS

Al acabar la guerra mundial, empezaron a pasar los maquis desde Francia. Entraban en los pueblos a robar y hasta mataron a algunos vecinos. En la Sierra de Albarracín había gente de ésta. Un día entraron en Monterde y robaron en todas las casa ricas, se llevaron una mula de José "el Narro", cargada con todo. Los maquis tenían el refugio en lo de Noguera, en el cerro que hay encima de la fuente que hoy lleva el nombre de "Los Maquis". Aquí se abastecían de agua.

En Bronchales estaban complicados varios de los del pueblo, como luego se supo. Un día vino la Policía y se llevó preso a Tomás Hervás Marco y, otro día, Manuel Pérez, que era el alcalde, bajó a Teruel creyendo que Tomás era inocente, pero allí ya sabían con certeza que él y algunos más estaba complicados. Manuel tuvo que subir sin poder hacer nada. Al día siguiente, al ver que se habían llevado a Tomás, se fueron a los maquis Antoliano Pérez Hernández, Jerónimo Barquero Barquero, Roberto Barquero González y Francisco Domingo Hervás.

Antoliano se marchó enseguida a Francia; Jerónimo se les fue y se escondió en su casa, creo que alrededor de un año, hasta que vio que el Gobierno de Francia reconoció al Gobierno de España, luego se entregó. Roberto y Francisco siguieron con ellos. Hacia el 25 de septiembre, que era la feria de Orihuela, en la Jara, junto al Balsete, asaltaron unos camiones y al coche correo, los tiraron al terraplén y les pegaron fuego. A los viajeros los subieron a lo alto de la loma. De Bronchales subía el alcalde, Valentín Dobón, y la tía Julia Pérez, que le cogió la cartera a Valentín, porque éste era falangista. Allí mataron a Eustaquio Giménez, de Orihuela, muy buena persona. En el coche correo venían también unos hombres de la parte de Alfambra y, como venían a la feria, llevaban dinero, pero lo traían escondido en un collerón (se dice que llevarían unas 30.000 pesetas). Cuando vieron arder el coche de línea, ellos se desesperaban. En esto asoma un coche que bajaba de Bronchales; los maquis, al verlo, echaron a correr y estos hombres bajaron entonces corriendo también a coger el collerón a medio quemar y todavía pudieron canjear en el banco todos los billetes de los que se podía acreditar su número.

Esa noche la Guardia Civil rastreó toda la zona. Unos años después se supo dónde habían ido a parar esa noche los maquis: en la Virgen del Tremedal había un ermitaño que, al morir, confesó que los maquis se metieron en la ermita, a dos pasos de la feria. En este asalto iban Roberto y Francisco. Roberto al final se fue a Lérida. Unos años después vino al pueblo a casarse y lo detuvieron por haber estado en el asalto de la Jara y haber matado ese día a Eustaquio. Roberto estuvo en la cárcel poco tiempo, aunque le salieron al pronto 25 años. El pueblo todo salió a su favor porque era muy buena persona. De Francisco no se supo nada.

De Teruel también se había ido Jacinto Pérez Gil, que también murió.

Un día, yendo la Guardia Civil de caza por las Atalayas, al subir por la segunda Atalaya se tropezaron con una cuadrilla de maquis que habían dormido allí. Al ver a la Guardia Civil, echaron a correr derecho al barranco de Peña la Abeja (Labeja?); la Guardia Civil mató a uno de los maquis en el tiroteo, un muchacho joven, de el Cuervo, y decían que había matado en su pueblo a dos primos suyos.

En aquellos días, por estar complicados con los maquis, la Guardia Civil detuvo en Bronchales al tío Ramón Torrecilla, a Salvador Pérez Domínguez, a Víctor Herranz Juan, a Pedro Antonio Alonso Monzón, a Paulino Martínez Monzón y a Félix Monzón Berjes. Les pegaron una paliza muy grande. Estuvieron muy poco en la cárcel.

Aquí se acabó lo de los maquis.

UN PAISANO EN LA GUERRA EUROPEA

Ahora contaré la historia de uno de Bronchales: Cándido Soriano Torrecilla. Éste fue a parar a Francia, cuando la retirada de unos y el avance de otros en Cataluña, en la guerra civil. Al liarse la guerra europea, los alemanes tomaron Francia y cogieron prisionero a éste tal Cándido. Él y otros, se les escaparon y, por lo cogían otra, se cambió de nombre poniéndose el de Luciano Hervás Marco, que era el nombre de Luciano "el Manzanas" y que Cándido creía muerto, pero resulta que estaba vivo y en Francia también, como Cándido. El tal Cándido llevó este nombre hasta que murió, allá por el año 1980, en Bronchales. Otra cosa: como Luciano era 8 años más viejo que Cándido, se jubiló 8 años antes de su edad verdadera. No quiso cambiar de nombre, pero tuvo mala suerte y no pudo disfrutar de los años de jubilación, siendo todavía joven.

ABASTECIMIENTO DE AGUAS

Ahora contaré cómo se abastecía de aguas el pueblo.

En la Fontana siempre hubo varios manantiales. Las aguas se recogían en un depósito, junto al camino, frente a la Fuente del Rosario y desde allí venía al fuente del pueblo. Luego bajaba más agua del pozo que había en las eras de la fuente, que hoy debe estar debajo de la casa de la casa de Blas Dobón Aula. Ha sido una lástima que este poso se perdiera, porque bajaba directo a la Fuente, y estaba muy buena el agua. Yo he visto fregar a las mujeres en la esquina de la Casa de las Jefas, que era del Cerrado de Don Julio. Aquí bajaba de la Fuente de las Palomas, pero cuando llovía mucho.

Antes sólo había una fuente, así que los que vivían en la calle Santa Bárbara o en otra, era muy pesado para ellos ir y venir a la fuente.

Hacia el año 1931 hicieron otra en la puerta del Ayuntamiento. A ésta le llamaban la Fuente Pequeña y a la otra, la primera, la Fuente Grande.

EL TORO NAVARRO

Esta fue la historia del toro Navarro. Yo conocí el primer toro, aunque no sé cómo se llamaba. Era pardo oscuro, con el lomo algo royo. El año 1925 trajeron un toro muy majo, grande u majo como el que más, pero recuerdo que le podía el toro de Guadalaviar. Ya se sabe que antes, en la primavera, entraban en el Puerto las vacas de todos estos pueblos como Noguera, Griegos, Guadalaviar, Villar del Cobo; en Orihuela no había vacada pero entraba la del tío Ignacio Jiménez. Éstas eran bravas, así que al juntarse todos los años en el Puerto, los toros reñían y se sabía qué toro era el más fuerte y el que más podía. A los chiquillos nos gustaba saber todo esto.

El año 1931 compraron un toro royo y se llamaba Sevillano. Ese año, al otoño, iba vaquero el tío Paco "el Garrazas". Junto a la Era Carrasco, a veinte pasos de la fuente, mató al toro de Noguera. Ellos llegaron a decir que el vaquero le había ayudado. Yo llegué a ver los restos de este toro.

El año 1932 compraron al toro Navarro. Bajó a comprarlo mi hermano Pedro José, que era de la Junta, y se lo compraron a al suegro de Eustaquio, en la masada de las Grajas. Recuerdo que cuando lo traían por la Isilla, mi hermano iba rascándole las pelotas, y el chaval Salvador Pérez Lahuerta "el Adón", llegó a montar en él.

Ese año fue vaquero el tío Pablo o Pablillo "el Minches". El toro se le picó a la siembra y no pudo con él. Luego entró Paco "el Garrazas", que no dejó que el toro se le burlara, y se ve que le pegó bastante, hasta que un día el toro quiso devolverle los palos recibidos -se ve que los toros son muy vengativos-; el toro empezó por romperle el chozo que tenía el vaquero en la Majada de Don Luis, estando el vaquero dentro.

En el pueblo hizo este toro cosas muy grandes. El día que le daba por hacer fiesta, salía del Ayuntamiento, donde lo encerraban, echaba el rabo a lo alto y empezaba a arrumbar y toso el pueblo retumbaba; en dos blincos se zampaba en la Fuente, y la gente no hacía otra cosa que correr asustada. Un día de esos cogió a la tía Trinidad "la Caracola", que tuvo más remedio que correr y meterse en la puerta del tío Pedro Monzón "el Cipriano", quedándosele el toro mirando, pero sin hacerle nada más.

Otro día estábamos varios hombres en la Fuente, el toro se nos zampó encima y todos nos tuvimos que meter corriendo en la fragua. Desde allí vimos cómo otro día, en lo que hoy son las casas de la calle que va a la Fombuena, que antes eran eras, el toro echó a correr detrás del "Garrazas" y éste tuvo que pegar un blinco y subirse al pajar del tío Mayoral, que hoy es de Ricardo Cavero "el Garretas".

Otro día se le tiró al "Garrazas" en el Navazo y lo pillo debajo de la boja, llegando a clavar los cuernos en tierra. Otro día Paco estaba abriendo la puerta del Ayuntamiento y, como nosotros vivíamos allí, mi hermano Ventura vio cómo el toro se le arrancaba desde la casa del tío Tomás "el Frutos" y le avisó a Paco; el toro, en dos blincos, se le zampó encima y en cuanto que Paco tuvo tiempo de volverse y darle un cachiporrazo en las narices. Otro día, en la Retuerta, se le tiró al "Salotes", cuñado del "Garrazas". Éste se metió en una marojada y cayó al suelo. El toreo se le quedó mirando y no le hizo nada.

El día más majo de este gran toro fue en la plaza de la Fuente. José Hervás Dobón "el Aringo" iba borracho perdido. Llegó a coger al toro por los cuernos delante de muchos hombres y no le hizo nada. Este José les decía a los hombres escojonados: "¿No veis cómo no me hace nada a mí?".

Esto es lo que recuerdo de este grandioso toro.

¿CONQUISTADORES DE LOS MONEGROS?

Ahora contaré cómo tuvimos ocasión los vecinos de Bronchales de habernos ido a los pueblos que se hacían en Los Monegros. Esto ocurría en el año 1955. Era Secretario General de Sindicatos en Zaragoza Manuel Pamplona y se ofreció a meternos allí a todos los de Bronchales que quisieran irse. Tuvimos una junta en la Hermandad -recuerdo que yo fui algo tarde-, pero a la que llegué nadie se había apuntado aún. Cuando llegué, me explicaron lo que había y yo fui el primero que se apuntó. Al ver esto, otros se apuntaron también, llegando hasta 44 vecinos, todos de los más jóvenes.

Todo esto fracasó, según nos dijeron, por culpa del cura y del alcalde de entonces, que no quiero decir quién era. Estos vieron que nos si íbamos los que nos habíamos apuntado, el pueblo peor que hoy se ha quedado: sin gente. Estoy seguro que nos hubiéramos marchado habría escapado bien todo el que trabajara de verdad.

LA RIÑA DEL AÑO 40

Ahora contaré una riña que hubo el año 40, el día de las Pascuas de la Semana Santa, con los gitanos. Salimos de misa y teníamos una junta en el Ayuntamiento. Yo me fui a echarles de comer a los animales a mi casa de abajo y desde allí sentí llorar, por detrás de la casa, a la tía Cirila. Bajé corriendo y en la puerta de los Lucas veo al tío Florentín Pérez "el Escribano" echando sangre, y me dice: "No te metas ahí, que los gitanos van borrachos". Yo pillé y me fui a dar cuenta al Ayuntamiento. Entonces se vinieron conmigo José "el Cabila" y Fernando "el Herrero". Manuel cogió un palo, pero los gitanos ya se iban hacia la era Cativa y no hizo falta, como yo le dije.

Todo esto vino de la siguiente forma: Mi buen mariano "el Pantalias", yendo algo borracho, se juntó con los gitanos en el bar y les dijo que tenía un burro para vender. Los llevó a su casa, los metió en una cuadra y en vez del burro les enseñó una vaca suiza. Los gitanos se mosquearon. Después los llevó a otra cuadra y allí estaba nada menos que el toro del pueblo. Entonces estos le pegaron un garrotazo en la cabeza y al sentir sus gritos salió la tía Cirila, su madre, y los gitanos le pegaron otro garrotazo en la cabeza. El tío Florentín, su vecino, al verlos echando sangre, salió a poner paz y los gitanos le pegaron otro garrotazo en la cabeza.

Al bajar yo, los gitanos se fueron hacia la era Cativa, Cuando llegamos Fernando, Manuel y yo estos ya habían blincado el cerrado del tío "Guapo", hoy la cuadra de los caballos de Ricardo "Garretas", y allí se lió la guerra. Sólo blincamos José Hernández y yo a defender a los del pueblo. Empezó a venir gente, como mujeres y hombres mozos, pero ninguno se metió a ayudarnos. Estábamos los dos solos contra cuatro gitanos. Iban ocho, pero cuatro no intervinieron en nada. Cuatro de ellos iban borrachos y llevaban garrotes con porra y ¡hay que ver cómo sacudían! José, al venir a ayudarme a mí le sacudieron un garrotazo en la cabeza y se lo llevaron echando sangre.

Tuvieron que darle siete puntos. Yo, con el palo que cogió "el Cabila", le pegué a uno de ellos y le hice una herida grande; luego quise coger al que le había pegado a José, que era un mozo alto y recio, y la madre de éste venía por detrás a cogerme; la gente del pueblo venga decirme que le pegara, pero a mí me hacía duelo pegarle a la mujer. Como ella seguía intentando sujetarme por detrás, me volví y le metí un candalazo en la espalda que la tumbé. En esto ya vino mucha gente. Entró Ruperto Lahuerta González, que había ingresado en la Guardia Civil, y ese día llevaba el traje de guardia, aunque sin armamento alguno. Los gitanos le llamaban "señor guardia", pero no lo respetaban. Vinieron los forestales, Pablo Asensio Lorenzo y Antonio Lorente Vicente, que llevaban escopetas, pero tampoco les hacían caso. Una de las veces un gitano se arrodilló delante de Antonio y le decía: "Tira, tira a la tripa". Entonces fue Marcos Hernández, hermano de José al que habían pegado, y apretó el gatillo de la escopeta de Antonio, pero estaba descargada. Menos mal que vino la Guardia Civil de Orihuela y los cogimos a todos. Al registrar el pajar del tío Dionisio "el Abanero", donde se vivían escondidos los gitanos, encontraron una pistola.

Yo allí, por fin, en la era Cativa, cogí al gitano que le había pegado a José, lo cogí de la tripa para tirarlo al suelo y machacarlo con el palo que llevaba desde el principio, pero cuando la yo tenía bien cogido vino por detrás una moza, hermana suya, s eme enganchó en el pelo con una mano y con la otra en las narices; del pelo me arrancó la mitad y en las narices aún llevo la señal. Aun así, echando sangre, tumbé al gitano y entonces llegaron algunos de los cobardes a ayudarme. Si hubieron venido antes, no hubiera pasado lo que pasó, que por defender a un borrachín del pueblo por poco nos matan a José y a mí.

Luego ya se les llevó la Guardia Civil al Ayuntamiento y llamaron al barbero, Sinesio Rueda Dobón, para que les cortara el pelo. Éste les cortó el pelo con una máquina esportillada y no hacían más pegar botes durante la operación. Uno de ellos decía al salir: "Nos vamos del pueblo con menos pelo que trajimos; vinimos con pelo y nos vamos pelados". A los cuatro que iban borrachos se los llevaron presos a Albarracín.

Aquí acaba esta historia. Yo, que acaba de venir de la guerra sano y salvo, por poco me matan en mi pueblo después por defender a un borracho, a quien yo caso no conocía cómo era ni cómo fue después este Mariano, al que le ocurrió otro incidente desagradable. El anterior sería en abril y éste

fue en mayo, en la paidera de los Ramblares. Le quitó tres corderos a Eustaquio Gil Sáez y los llevó a venderlos a Orea, pero como había llovido, por los rastros lo siguieron hasta Orea y lo metieron en la cárcel, aunque por poco tiempo. Siempre fue un borrachete.

EL TIMO

Contaré ahora el timo que mi mujer le dio al alcalde de Bronchales, Lucas Navarro Artigot.

Creo que fue durante el otoño del año 1957. Hacía mucho frío. Mis hermanos vendieron al Ayuntamiento los fincas del Ojuelo, que antes fueron de mi madre. Ese día, para cerrar el trato, el Ayuntamiento quedó en hacer una merienda en casa de mi hermano Ventura. Yo, como hermano que era, estuve en el trato y, después, en la merienda.

Yo le dije a mi mujer que se subiera cuando quisiera a casa de mi hermano a la merienda, y yo me subí antes. Ella subió al cabo del rato, pero se puso unos pantalones míos y una chaqueta que antes fue de Antonio "el Forestal" y aún llevaba los botones dorados que usa este cuerpo. Se puso también un pasamontañas, con toda la cabeza tapada, y sobre el hombro un viejo fusil que yo tenía del somatén. Llegó a casa de mi hermano y nadie la conoció. Allí estaba el secretario, Casto Rubio, y los de Ayuntamiento: Laureano Pérez Dobón "el Perdigón", Ricardo Gil Sáez, y creo que también estaba Domingo Pérez Pérez; el alcalde y Santiago Jiménez Aroca "el Mayoral" se habían bajado a casa Lucas a subirse algunas cosillas para la merienda. Entonces yo pensé todo lo que había que hacer.

En esos días se estaba esperando que viniera el nuevo Forestal al Puerto y me vino bien esto para pensar lo que había que hacer en este momento. Se lo dije a Casto: "Vamos a bajar a casa de Lucas y le vamos a hacer creer que ha venido en nuevo Forestal y que como hacía tanto frío había venido heladico de frío en un camión". Así lo hicimos. Le dije a mi mujer, Leonor Pérez Saz, que no hablara nada y que hiciera el tonto. Así lo hizo, y bien. Bajamos a casa de Lucas Casto, mi mujer y yo. Allí estaba Santiago "el Mayoral", Lucas y sus dos hijas, Rosa y Manolita. Ellas se quedaron pasmadas al ver al Forestal, que no saludó al alcalde ni habló nada. Don Casto explicó al alcalde cómo había venido el Forestal, que estaba helado de frío, y todos eso. Lucas dijo: "Que se venga con nosotros, que cene y luego ya le buscaremos dónde dormir".

Salimos a la calle y nos dirigimos a casa de mi hermano. Mi mujer aún no había despegado los labios. En la puerta había tres o cuatro cubas de vino. La Leonor hizo como que nos las veía y tropezó con ellas. "Mayoral" fue corriendo a cogerla y le decía: "Ven por aquí, por aquí, que ahí hay unas cubas". Pero ella volvía a tropezar en las cubas y "el Mayoral" la cogía del brazo para que no cayera. Las cubas estaban junto a mi casa, así que fijaos si la Leonor sabría que estaban allí.

Al subir hacia la casa de mi hermano "el Mayoral" le preguntó: "¿De dónde es usted". Y ella, disimulando la voz, le contestó: "De Jabaloyas". "Mayoral después me dijo que estuvo a punto de pegarle un puñetazo en la tripa por lo idiota que era.

Llegamos a casa de mi hermano. Santiago ignoraba que los otros concejales lo sabían todo y les dijo: "¡Fuera!, que viene el nuevo Forestal del Puerto y está heladico de frío". Todos se retiraron y le dejaron el mejor sitio. La Leonor se sentó. Cuando entró el alcalde se quedó mirando al nuevo Forestal; entonces éste se quitó el pasamontañas y... ¡Si hubierais visto la cara que puso el alcalde al ver que era su misma vecina!

Al día siguiente les dijo a sus hijas: "¿Sabéis quién era el nuevo Forestal? Vuestra vecina Leonor". Después de bajarnos nosotros a Villarreal sacaron una comparsa basada en este caso. Casto y "Mayoral" siempre han mandado recuerdos para el Forestal. Casto hasta su muerte.

LOS FORESTALES

Y, hablando de forestales, recuerdo a uno de Cella, del que no recuerdo su nombre, pero sí que tenía un hijo al que metieron en la cárcel. Tenía yo entonces unos cinco años. También estaba de guardia José María, de Orihuela. Entonces fue cuando hicieron la casa de la Garganta.

Después vino el tío Gerardo Soriano, que era de Teruel, y estuvo en Bronchales hasta la guerra. Con éste estuvo Pablo Asensio Lorente. Después vino Pascual, que era de Jabaloyas.

Apenas disfrutaron de la casa de la Garganta. El tío Gerardo vivió algún año allí, Pablo muy poco. Al acabar la guerra esta casa desapareció del todo, se llevaron hasta las piedras. También servía para abrigo a los pastores, vaqueros y duleros. Bajo el porche encendían sus hogueras para calentarse y preparase la comida.

Algo se me habrá olvidado.

Lo que pido a quien lea esta historia es que me perdone las faltas de ortografía, y otras, porque no sé escribir. He hecho un gran esfuerzo al comprarme la máquina y aprender a escribir -mal que bien- a los 73 años de edad sólo por dejar escrita la historia de mi querido pueblo, Bronchales.

Como despedida voy a poner unos versos dedicados a Bronchales. En ellos quiero demostrar lo mucho que quiero a mi pueblo.

Bronchales, Bronchales lindo,

para ti son mis recuerdos;

todas las noches del año

pensando en ti yo me duermo.

 

¿Qué tienes en tus entrañas

que yo en las venas te llevo?

La sangre que tú me diste

mientras viva yo la llevo.

 

Tus pinares, tus montañas,

tus fuentes y tus barrancos,

todos los días los veo

lo mismo aquí en el trabajo

que por las noche durmiendo.

 

Muchos hombres conocí

y de todos tengo un gran recuerdo;

no los olvidaré mientas viva

y por la noche hablo con ellos.

                                                                                                                 23 de abril de 1990.

                                                                                               Villarreal de los Infantes (Castellón).


NOTAS SOBRE BRONCHALES

por Víctor Jarque

El pueblo está situado en la ladera noroeste de la zonas más cubierta de los Montes Universales. Con sus 1750 metros de altura, es uno de los pueblos más altos de España, como dice un eslogan: "Bronchales, balcón y pinares de España".

Desde el pueblo se divisa el Moncayo y Javalambre. Su territorio desciende suavemente hacia la depresión del Jiloca por Santa Eulalia, las cimas de Ojos Negros en Sierra Menera, los rojizos montes de Ródenas, San Ginés y, un poco más lejos, Peña Palomera.

Bronchales tiene como respaldo de sus asiento los pinares y las rocas de Sierra Alta, Corralizas y la Peña del Cervero.

Sus habitantes acogieron hace años el turismo, convirtiéndose así en el pionero de estas tierras, cuyos primeros veraneantes acudieron a finales del siglo XIX en busca de salud, descanso y tranquilidad.

El pueblo ha sufrido una profunda transformación urbana desapareciendo construcciones típicas del terreno que, aunque de materiales pobres, conservaban el sabor y las características propias de un pueblo labrador y ganadero.

Sus orígenes se atribuyen a iberos y romanos. Posteriormente, el "Cantar del Mio Cid" cita el nombre de "Fronchales" en el verso 1475, donde se dice que el Cid "vino a albergar a Fronchales".

Bronchales, abierto a grandes panorámicas, se abrió un día al turismo de Valencia y Zaragoza y supo iniciar un camino que lo ha colocado un lugar privilegiado frente a sus competidores de la zona, viendo así cómo sus 470 vecinos de los largos meses invernales se multiplican por miles durante el verano, llegando a alcanzar los 10.000 visitantes en los días centrales de las fiestas patronales, a mediados del mes de agosto